sábado 7 de noviembre de 2009

Crítica de cine: "Celda 211", de Daniel Monzón




Anoche fui a verla, a pesar de que en el tráiler que pusieron con no recuerdo qué película hace unas semanas, prácticamente te lo cuentan todo. ¿Y qué puedo decir, para empezar? Un ¡bravo! con matices.

El cine carcelario ya es un género en sí mismo (la lista a enunciar sería larguísima, de El hombre de Alcatraz a Cadena perpetua o de El expreso de medianoche a En el nombre del padre, por citar algunos ejemplos). El cine español había mostrado algunas películas que tocaban el tema (recientemente, AzulOscuroCasiNegro o El patio de mi cárcel), pero no contábamos con una película eminentemente carcelaria. Hasta que llega Celda 211.

Basada en la novela homónima de Francisco Pérez Gandul (Lengua de Trapo), esta película de Daniel Monzón nos lleva a un motín en una cárcel de Zamora. Ya la primera secuencia impacta: alguien, un preso, se corta las venas. En la siguiente, Juan Oliver (el debutante Alberto Amman) visita la cárcel en la que comenzará a trabajar al día siguiente. Sufre un accidente, pierde el conocimiento, dos de los guardias de la prisión lo dejan en la celda nº 211. Y es cuando estalla la rabia contenida, la furia, la violencia exacerbada de un motín entre los presos más violentos, los llamados FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento), que ocupan una de las galerías de máxima seguridad. Y como líder del motín, Malamadre (Luis Tosar), alguien que no tiene nada que ganar, pero tampoco que perder, pues nunca saldrá de prisión. Juan se ve en medio del motín, ocultando su condición de funcionario de prisiones. La cosa se complica cuando los amotinados cogen como rehenes a tres presos etarras de la misma prisión. Comienza una cuenta atrás: las peticiones de los fies contra la amenaza de ejecutar a los etarras (con lo que ello puede significar en una eventual escalada terrorista) y de extender el motín al resto de las cárceles.

La película tiene un ritmo trepidante de principio a fin. Estamos ante un thriller con buen pulso, casi filmado como si fueran un documental. La tensión se mantiene, aunque con algunos altibajos. Lo peor que se puede decir de la película es que resulta algo previsible en algunas secuencias (la relación Juan-Malamadre, por ejemplo) o en el desarrollo de algunos personajes (el colombiano Apache/Carlos Bardem). Lo mejor reside en la dosificación de la acción, en personajes como Malamadre, el siniestro jefe de los guardias de la cárcel, Utrilla (Antonio Resines), el untuoso negociador Almansa (Manuel Morón), y el tramo final. Sobran quizás los flashbacks que nos sitúan en la vida personal de Juan y su esposa embarazada Elena (Marta Etura), aunque ayudan a entender las motivaciones del funcionario atrapado en medio del motín.

Es inevitable y, sobre todo, merecido, destacar el papelazo que Luis Tosar borda como Malamadre. Quizá uno de sus mejores papeles y que ya damos por seguro que será uno de los favoritos en los próximos Premios Goya. Junto a ello, el buen pulso de Monzón tras la cámara, el desarrollo de algunas escenas, la crítica social (y política) que se desprende de esta película y el hecho de que, a mi parecer, estamos ante una de las mejores películas del cine español de los últimos años.

No os la perdáis.

El telón no era de acero (1)


Xavier Batalla

La Vanguardia / 7-XI-2009

El muro de Berlín, que en su hundimiento arrastró a los regímenes comunistas, no pudo con tres presiones

Intelectuales rusos, obreros alemanes y campesinos chinos compartieron la idea del comunismo. ¿Qué movió a tan dispares sociedades, desde Europa hasta Cuba, pasando por Mongolia, a aceptar - o verse obligadas a aceptar-la idea comunista? ¿El sueño de una sociedad mejor? ¿La opresión? Lo que se sabe a ciencia cierta es cuándo empezó el experimento (el primer cañonazo del buque Aurora y la toma del Palacio de Invierno en 1917) y cuando acabó, entre el 9 de noviembre de 1989, día en que cayó el muro de Berlín, y el 25 de diciembre de 1991, la que sería la última jornada de la Unión Soviética.

Hubo quien acertó a ver el final del comunismo soviético, pero fueron pocos. Por ejemplo, John Lewis Gadis, reconocido experto en la guerra fría, escribió en 1987 que el conflicto había evolucionado hacia una estable "larga paz". Uno de los que acertaron fue Joseph Harsh (1905-1998), un periodista, quien desde el principio insistió en que el dominio soviético no sería permanente. Y su predicción se hizo libro, El telón que no es de acero (1950), aparentemente dedicado a Winston Churchill, quien en 1946 advirtió que "un telón de acero desde Szczecin, en el Báltico, hasta Trieste, en el Adriático, ha caído en Europa".

Durante tres decenios no existió un mundo comunista. Moscú se erigió en la Roma de un movimiento internacional, pero fuera de la Unión Soviética los fracasos fueron la norma. La revolución húngara fue aplastada en 1920; el Partido Comunista de Alemania, entonces el más poderoso de Europa, fue incapaz de frenar al nazismo; los comunistas chinos retrocedieron ante los japoneses, y Franco destruyó la Segunda República y la izquierda españolas. Pero el final de la Segunda Guerra Mundial lo cambió todo. El Ejército Rojo, no los activistas comunistas, construyó entonces un sistema de estados comunistas, empezando por Europa central y oriental. Después, la derrota de Japón dio paso a los comunistas en China y Corea del Norte. Yel agotamiento de Francia contribuyó al triunfo de los comunistas vietnamitas. La última en añadirse a la lista fue Cuba, que se refugió en la Unión Soviética.

No todo fueron avances. El imperio soviético comenzó a resquebrajarse nada más empezar. El primer satélite en abandonar la órbita fue la Yugoslavia de Tito, en 1948, y en 1953 se detectaron graves fisuras en la República Democrática Alemana, donde la revuelta popular hizo que Bertolt Brecht sugiriera al régimen que disolviera el pueblo y eligiera a otro. Después, en 1956, los polacos también protestaron, como los húngaros. Maoístas y soviéticos se enfrentaron en 1959. Yel aplastamiento de la primavera de Praga, que alimentó la herejía eurocomunista, remachó que el modelo soviético no era reformable.

¿Por qué el sistema no era reformable? Por su carácter totalitario y por la bancarrota de la economía planificada. El historiador marxista Eric Hobsbawm ha explicado la paradoja: los beneficiados por la Unión Soviética no fueron los trabajadores de la que decía ser la patria de los trabajadores, sino los trabajadores occidentales: mientras los obreros del bloque soviético las pasaban moradas, el miedo a un posible contagio revolucionario favoreció el pactismo social que fue la base del milagro económico en Europa occidental.

Pero ¿por qué el Muro no fue tan resistente como el acero, pese a que en su construcción se emplearon 700.000 toneladas de la aleación de hierro y carbono? El Muro, como los regímenes que arrastró en su caída, se hundió a causa de tres presiones opuestas: por un lado, las reformas de Mijail Gorbachov, que dejó claro que Moscú no intervendría más en los países del bloque; por otro, el inmovilismo de los dirigentes, a los que les horrorizaba el cambio, y, finalmente, la presión estadounidense, que fue la puntilla. Zbigniew Brzezinski, asesor para la Seguridad Nacional de Carter, escribió en 1989: "El fenómeno comunista representa una tragedia histórica. Nacido de un idealismo impaciente que rechazaba la injusticia del statu quo, buscó una sociedad mejor y más humana, pero fue una gran opresión (...) Las mentes más brillantes y los corazones más idealistas quedaron cautivados, pero provocó algunos de los crímenes más horrendos de este o de cualquier siglo" (The gran failure).

George Kennan, el diplomático estadounidense que inspiró la política de la contención, advirtió en 1946 que la represión demostraba la desconfianza de los líderes soviéticos hacia la población, por lo que, con una contención firme, el régimen se hundiría. David Priestland ha escrito en The red flag (2009) que Gorbachov, que quiso ser Papa y Lutero a la vez, odiaba a los burócratas, por lo que "decidió destruir su poder". Pero irónicamente ha añadido que el sistema se hundió porque Gorbachov fue nombrado precisamente por los burócratas.

viernes 6 de noviembre de 2009

Crítica de cine: "El imaginario del doctor Parnassus", de Terry Gilliam




He aquí película que Heath Ledger no llegó a terminar de rodar a causa de su muerte accidental. Su papel lo cubrieron Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell en aquella parte del metraje que Ledger no llegó a rodar.

Terry Gilliam, quizá el ex-Monty Python más creativo del grupo, ha creado una filmografía muy personal: Brazil, Las aventuras del Barón Munchausen, El rey pescador, 12 monos o Los hermanos Grimm tiene mucho que ver con El imaginario del doctor Parnassus, su última película. De ellas bebe Gilliam, en mayor o menor grado. Y de ellas hay tantos aciertos como deficiencias.

El doctor Parnassus (Christopher Plummer) era inmortal, vivió durante siglos, pero, harto de ello, hizo un pacto con el Diablo (Tom Waits): una nueva vida, rejuvenecida, para poder disfrutar del amor. El precio a pagar, además de la mortalidad, fue que los hijos que tuviera le serían entregados al Diablo al cumplir los 16 años. Pero se acerca el 16º cumpleaños de Valentina (Lily Cole) y el Diablo se lo recuerda. Pero hay una ñúltima oportunidad y ambos realizan una apuesta: si Parnassus consigue el alma de cinco personas, el Diablo renunciará a Valentina. La llegada de un misterioso joven, Tony Shepherd (Hetah Ledger), de pasado oscuro, puede cambiar las cosas en el mundo de Parnassus, que ha montado un imaginario, un espectáculo cuasi-teatral, ayudado por Valentina, el joven Anton (Andrew Garfield) y el enano Percy (verne Troyer).

Nos encontramos con una película eminentemente visual, y ese es su fuerte, como ya es habitual en Gilliam. Una fotografía que recuerda mucho a ámbitos televisivos (más de un anuncio publicitario le vendrá a la memoria al espectador de la película). El problema está en un guión que tiene lagunas y en un ritmo desigual, con demasiados prolegómenos y con una primera hora que es algo errática. Con todo, se ve con enorme agrado y se disfruta en sus puntos fuertes. Posiblemente, la parte final sea previsible, pero no defrauda.

Que ustedes la disfruten.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Memoria tapa memoria


Europa comienza a verse manchada por las herencias de los odios étnicos, heridas sin cicatrizar. En Polonia, los países bálticos, la URSS o Rumania se exterminaron grupos humanos completos en la II Guerra Mundial

JORGE MARTÍNEZ REVERTE

El País / 4-XI-2009

Se construye una enorme falsificación histórica y se debilita la conciencia sobre el racismo

El gran proyecto de una Europa democrática tiene enemigos internos, los nacionalismos

Enfrascados como estamos en España con la excavación de fosas apenas somos capaces de mirar a nuestro alrededor y ver cómo en Europa se dirimen, a cuenta de otras memorias, cuestiones que pueden tener consecuencias de gran envergadura. Lo de España es una minucia al lado de lo que se vive en el resto del continente. Un buen aviso ha sido el chantaje del Gobierno checo de Václav Klaus, quien ha conseguido una excepción para evitar las posibles reclamaciones de los alemanes expulsados de los Sudetes al final de la II Guerra Mundial. La memoria de su expulsión quedará sepultada por la memoria de la anexión hitleriana en 1938. Algo similar ha sucedido en Polonia.

Los ejemplos se multiplican. Porque a las acciones de la memoria siempre les siguen acciones en la política que acaban marcando el rumbo de cada país. Y los intereses son muchos. Tantos y tan dispares que pueden provocar una seria alteración de la idea de Europa que los países más occidentales compartían. Una idea que se comienza a ver manchada por las herencias de los odios étnicos, de las heridas sin cicatrizar y de las acciones ruines de unos y de otros.

En Polonia, un gran cineasta, Andrej Wajda, ha estrenado su película dedicada a la matanza de Katyn, donde fue asesinado su padre. En ese bosque fronterizo, las tropas soviéticas de la NKVD exterminaron en abril de 1941 a la flor y nata del Ejército polaco. Más de 15.000 oficiales fueron asesinados, uno a uno, mediante el tiro en la nuca por soldados de Stalin. Durante décadas, la versión oficial del régimen socialista polaco se apuntó a la manipulación de que la matanza la habían realizado tropas nazis. La Rusia de Putin sigue sin reconocer la responsabilidad de Stalin en aquella atrocidad.

Wajda ha conseguido devolver a Polonia ese pedazo de verdad que faltaba, oscurecido por una brutal política de simulación.

Pero Polonia no está aún libre de los fantasmas de aquella guerra. Todavía no ha asumido, todavía no ha recuperado la memoria de otras atrocidades. Cuando las tropas alemanas invadieron la Unión Soviética en junio de 1941, se desató una matanza sistemática de judíos en el país. La versión oficial durante años fue que aquello era responsabilidad de los nazis. Y todos tranquilos. Pero las investigaciones de historiadores han demostrado que los asesinatos masivos comenzaron a ser cometidos por ciudadanos polacos con métodos similares a los del genocidio ruandés: palos, cuchillos, azadones, barras de hierro fueron los instrumentos con los que enardecidos campesinos dieron muertes atroces a niños, mujeres y hombres sin distinción.

Hay un pueblo, Jedwabne, sobre el que el historiador americano Jan T. Gross investigó. Allí, en 24 horas, los 1.500 gentiles que lo habitaban mataron a los 1.500 judíos que habían sido sus vecinos durante siglos. En muchas localidades polacas se produjeron hechos similares. Y durante decenas de años esta terrible verdad, esta terrible memoria, siguió sin ser recuperada. En esta ocasión no se debió sólo a la acción de un gobierno autoritario, sino a la complicidad de un pueblo que no podía soportar su responsabilidad en una atrocidad semejante. La verdad fue restablecida por gentes como Gross, pero esa verdad está adormecida en la memoria polaca de la guerra.

No es muy distinta la historia de las Repúblicas Bálticas, de Lituania, Estonia y Letonia. En 1940, como consecuencia del pacto Molotov-Ribbentrop, los soviéticos invadieron los tres países y los anexionaron a la URSS. Y repoblaron en parte con campesinos de origen soviético las nuevas repúblicas. Cuando las tropas de la Wermacht atacaron a la Unión Soviética, muchos patriotas de estas repúblicas recibieron a las tropas nazis con entusiasmo, y se incorporaron a sus unidades de combate contra la URSS. A las de combate y a las de exterminio. No fueron sólo los nazis de los grupos de acción, los Einsatzgruppen, los encargados de ejecutar de forma masiva y primitiva (a balazos o golpes de cuchillo) a los judíos que habitaban estos países. Fuerzas policiales y patriotas autóctonos formaron parte de los grupos asesinos que acabaron con 140.000 judíos lituanos (el 85% de los existentes), 70.000 letones (casi el 80%) y 2.000 estonios (el 45%). Los cálculos han sido realizados por historiadores tan serios como Timothy Snyder.

La memoria que prefigura la política en estas repúblicas atribuye estas matanzas a las tropas nazis, olvida la participación de sus ciudadanos, y achaca a la presunta ideología comunista de los judíos el odio que sirvió para acabar con ellos.

Lo grave de la situación actual de la polémica no es sólo que se está construyendo una enorme falsificación histórica, sino que simplifica los hechos hasta el punto de que debilita algo tan importante como la conciencia sobre el racismo. Si los asesinatos masivos cometidos en los países del Este de Europa fueron causados en exclusiva por la locura genocida del nazismo, deja de haber problema. Si, por el contrario, se analizan los hechos de forma rigurosa, el problema crece, porque estaremos dejando desguarnecida la frontera contra el racismo que anida en muchos otros lugares fuera de los textos de Hitler. En Letonia, un 15% de la población es de origen ruso. Son más de 300.000 personas a las que se ha privado de nacionalidad porque sus padres fueron instalados allí por Stalin. Esto sucede en Europa.

En Letonia dejó de haber problema judío hace tiempo, porque los mataron los nazis. Hay un problema de una minoría externa, que no comparte su cultura con los autóctonos y que acabaron allí por la imposición del régimen comunista de Stalin. Un régimen contra el que lucharon los patriotas letones... apuntados a las unidades de las SS.

Si nos acercamos a un país que ya va teniendo solera en la Unión Europea, Rumania, las cosas no van mucho mejor. Rumania, gobernada por el mariscal Ion Antonescu, fue durante la II Guerra Mundial el más firme aliado de la Alemania nazi. En aquellos tiempos convulsos, miles de civiles rumanos participaron en pogromos que causaron cientos de víctimas entre los judíos. Con la entrada en la guerra contra la Unión Soviética, las tropas rumanas adquirieron un destacado papel en la eliminación sistemática de 300.000 judíos. Rumanos, pero también de Ucrania y otros países. Hoy la memoria en Rumania elude con suavidad este capítulo de la historia, como lo hace igualmente con la deportación masiva de su población gitana. Judío, para Antonescu, significaba comunista. Y ser patriota consistía, sobre todo, en ser anticomunista. Una buena forma de justificar el exterminio de grupos humanos completos para conseguir la recuperación de territorios como Besarabia. La memoria de la ocupación soviética en Rumania ha tapado la memoria de los vergonzosos episodios de matanzas masivas que fueron realizadas con el beneplácito de la población civil, entusiasmada con la construcción de la Gran Rumania, su gran sueño nacionalista, que aún pervive en muchos corazones. Si se mira a Hungría, se puede ver cómo la memoria de la opresión comunista ha tapado la de la entusiasta colaboración civil contra los judíos.

El gran proyecto de una Europa democrática, lugar de las libertades y de las fronteras rotas, cuenta con enemigos internos. Los nacionalismos, apuntalados en falsificaciones de la memoria, en memorias que tapan otras memorias porque son más cómodas y digeribles, porque salvan la pureza de las actuaciones de los patriotas.

El problema en Occidente es mucho menor. Los franceses no parecen decididos a emprender un camino de chovinismo al saber que los bombardeos ingleses durante el desembarco de Normandía mataron a más civiles franceses que soldados alemanes, como ha mostrado Antony Beevor. La memoria de la liberación ha tapado la de la matanza. Como la memoria de la frágil resistencia antinazi tapó la del colaboracionismo de Vichy.

En España estamos mejor. Aunque, si insistimos en el camino emprendido, no. ¿La memoria de Badajoz tiene que tapar la de Paracuellos? ¿La de Gernika tiene que tapar la del exterminio de curas en Cataluña o Castilla-La Mancha? ¿Seremos capaces de abrir la fosa de Lorca sin decir que Muñoz Seca se lo merecía?

Hay tantos aspectos oscuros en la historia que sólo la Historia puede reconciliarnos con las distintas memorias. Y hacer de Europa un sitio habitable para muchos años. Un sitio no de la memoria, sino de la verdad.

Jorge Martínez Reverte es periodista y escritor. Su último libro es el El arte de matar (RBA).

Canciones para el nuevo día (290): "Save the last dance for me"


Michael Bublé - Save the last dance for me


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Disco: It's time (2005)


You can dance-every dance with the guy
Who gives you the eye,let him hold you tight
You can smile-every smile for the man
Who held your hand neath the pale moon light
But don't forget who's takin' you home
And in whose arms you're gonna be
So darlin' save the last dance for me

Oh I know that the music's fine
Like sparklin' wine,go and have your fun
Laugh and sing,but while we're apart
Don't give your heart to anyone
But don't forget who's takin' you home
And in whose arms you're gonna be
So darlin' save the last dance for me

Baby don't you know I love you so
Can't you feel it when we touch
I will never never let you go
I love you oh so much

You can dance,go and carry on
Till the night is gone
And it's time to go
If he asks if you're all alone
Can he walk you home,you must tell him no
'Cause don't forget who's taking you home
And in whose arms you're gonna be
Save the last dance for me

'Cause don't forget who's taking you home
And in whose arms you're gonna be
So darling,save the last dance for me
Save the last dance for me
Save the last dance for me.

martes 3 de noviembre de 2009

Adiós al hombre de la cabina



José Luis López Vázquez nos dejó ayer, a los 87 años. Representa una etapa del cine español, con bastantes sombras (ese cine que Juan Antonio Bardem definiera en 1955 como «politícamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico») y también con algunas luces. De entre lo más destacable de López Vázquez está, sin duda, La cabina (1972), cortometraje dirigido por Antonio Mercero y multipremiado.

Sí, sin duda, me quedo con ese López Vázquez.

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Canciones para el nuevo día (289): "A quién le importa"


Para Alfonso. ;-)


Alaska y Dinarama - A quién le importa

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Disco: No es pecado (1986)



La gente me señala, me apuntan con el dedo,
susurra a mis espaldas y a mi me importa un bledo,
que más me da, si soy distinta a ellos,
no soy de nadie, no tengo dueño

Yo sé que me critican, me consta que me odian
la envidia les corroe, mi vida les agobia
¿por qué sera? Yo no tengo la culpa,
mi circunstancia les insulta

Mi destino es el que yo decido
el que yo elijo para mí...

A quien le importa lo que yo haga
a quien le importa lo que yo diga
yo soy asi, y asi seguiré, nunca cambiaré
A quien le importa lo que yo haga
a quien le importa lo que yo diga
yo soy asi, y asi seguiré, nunca cambiaré

Quiza la culpa es mía por no seguir la norma,
ya es demasiado tarde para cambiar ahora
Me mantendré firme en mis convicciones
reforzaré mis posiciones.

Mi destino es el que yo decido
el que yo elijo para mí

A quien le importa lo que yo haga
a quien le importa lo que yo diga
yo soy asi, y asi seguiré, nunca cambiaré
A quien le importa lo que yo haga
a quien le importa lo que yo diga
yo soy asi, y asi seguiré, nunca cambiaré

lunes 2 de noviembre de 2009

Crítica de cine: "Castillos de cartón", de Salvador García Ruiz




A esta me acerqué anoche a verla, no con demasiadas expectativas, pues el cine no ha logrado, de momento, hacer una buena adaptación de las novelas de Almudena Grandes. Y con su novela corta Castillos de cartón (Tusquets, 2002), la cosa, a pesar de apuntar manera, cinematográficamente hablando, va a continuar así, a pesar de los buenos esfuerzos de Salvador García Ruiz en esta adaptación.

"El 3 es un número par", aparece en el cartel. Y de eso va la película, de un triángulo (más que un trío) amoroso-sexual entre tres estudiantes de Bellas Artes: Jose (Adriana Ugarte, la prota de La señora), Jaime (Biel Durán) y Marcos (Nilo Mur). Cada uno de ellos aporta a la relación un problema personal: la falta de un orgasmo, más anhelado que fervorosamente buscado, la impotencia sexual, la falta de un verdadero talento creativo. En cierto modo, a uno le viene a la mente una película como Soñadores de Bernardo Bertolucci (2003) cuando asiste a las cuitas sexuales de los tres portagonistas. Si en la película de Bertolucci el tema de fondo era el cine y el Mayo del 68, en la película de García Ruiz tenemos el arte, la pintura en concreto, y los años 80 como escenario. Lo que en Bertolucci impactaba y (agradablemente) sorprendía por su naturalidad y frescura, en Castillos de cartón no sorprende tanto (aunque hacía tiempo que unos desnudos no eran tan naturales y oportunos en una película española como en ésta) y se queda a medio camino.

Porque estamos ante una buena película aunque falta de algo: no sabes qué, pero vas notando que le falta algo a esta película, algo que la complete (y complemente). Como ese orgasmo que la protagonista no es capaz de sentir, parece como si también echáramos algo de menos en una película que empieza con interés, mantiene el interés durante la primera hora y que, sin embargo, naufraga hacia el final. La escena final, que se entiende si uno ha leído la novela de Almudena Grandes, queda como algo abrupto. Y desconcertante.

Lo mejor de la película estriba en unos actores que han compenetrado bien entre sí, que tiene química. Quizá al personaje de Biel Durán le sobre arrogancia, pero es que el Jaime de la novela es así, del mismo modo que Marcos. Adriana Ugarte está especialmente llena de gracia (en el sentido no cómico de la palabra) y parece que sea quien arrastre a los otros dos actores en su interpretación. De Nilo Mur se puede decir que capta la(s)debilidad(es) de Marcos, pero que parece venirle un poco grande el personaje.

Con todo, a pesar de sus deficiencias, la película se ve con agrado, con interés. Quizá sea, dentro de lo que cabe en lo que antes he comentado, la mejor de las adaptaciones cinematográficas de una novela de Almudena Grandes, una escritora a la que cuesta encontrarle el punto fílmico, aunque sus novelas tienen mucho de engranaje cinematográfico.

La influencia nociva de Obama



Naomi Klein

La Vanguardia / 2-XI-2009

EE. UU., en lugar de reforzar e impulsar las leyes y protocolos internacionales, ha optado por debilitarlos

En áreas donde países ricos dudaban entre los principios y la negligencia, EE. UU. los ha inclinado a la negligencia

Entre el cúmulo de explicaciones de la concesión del premio Nobel de la Paz a Barack Obama, la que sonó más verdadera salió de la boca del presidente francés, Nicolas Sarkozy: "Sella el regreso de Estados Unidos al corazón de todos los pueblos del mundo".

En otras palabras, fue la manera de decir Europa a Estados Unidos: "Te queremos de nuevo", algo parecido a ese singular ritual de "renovación de votos" que celebran las parejas tras atravesar una mala racha. Ahora que Europa y Estados Unidos han vuelto a unirse de modo oficial, tal vez valga la pena preguntar: "¿Se trata de algo positivo?".

El comité del premio Nobel de la Paz, que concedió el galardón a Obama por su adhesión a la "diplomacia multilateral", está persuadido, evidentemente, de que la participación y compromiso de Estados Unidos en el ámbito internacional constituye un triunfo de la paz y la justicia. Personalmente, no estoy tan segura. Tras nueve meses de mandato, Obama hace gala de un historial claro y patente en tanto que protagonista en el tablero mundial.

De forma reiterada, los negociadores estadounidenses, en lugar de reforzar e impulsar las leyes y protocolos internacionales, han optado por debilitarlos, induciendo incluso a algunos países ricos a ir por la senda de una limitación de normas reguladoras.

Empecemos por la cuestión más en juego: el cambio climático. Durante el mandato de Bush, los políticos europeos se desmarcaron de Estados Unidos expresando su inquebrantable compromiso con el protocolo de Kioto.

Por tanto, cuando EE. UU. aumentó sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 20% con relación a los niveles de 1990, los países de la Unión Europea redujeron los suyos en un 2%. Nada espectacular, pero ciertamente constituyó el claro ejemplo de cómo una brecha en la relación entre la UE y Estados Unidos reportó palpables beneficios al planeta.

Cuando se juzgaba que las recientes conversaciones sobre el clima celebradas en Bangkok supondrían un jalón conducente a un acuerdo susceptible de alcanzarse en Copenhague en el próximo mes de diciembre para reforzar el protocolo de Kioto, resulta, en cambio, que Estados Unidos, la UE y el resto de países desarrollados formaron un solo bloque para desechar el protocolo de Kioto con vistas a su sustitución.

Donde el protocolo de Kioto establecía objetivos claros y vinculantes sobre la reducción de emisiones, el plan estadounidense pretendería que cada país fije el grado de tal reducción para someter posteriormente sus planes a la vigilancia y supervisión internacional (sin más instrumento en la mano que hacerse ilusiones para garantizar que ello mantenga la temperatura del planeta por debajo de niveles catastróficos). Y donde Kioto responsabilizaba directamente a los países ricos que crearon la crisis, el nuevo proyecto en ciernes trata a todos los países por igual.

Estos tipos de propuestas poco convincentes no fueron del todo sorprendentes viniendo como venían de Estados Unidos. Lo escandaloso fue la repentina unidad del mundo rico sobre este plan, incluidos muchos países que habían cantado anteriormente las alabanzas del protocolo de Kioto.

Pero hubo más traiciones: la UE, que había señalado que gastaría de 19.000 millones de dólares a 35.000 millones de dólares anuales para ayudar a países en vías de desarrollo a adaptarse al cambio climático, acudió a Bangkok con un ofrecimiento muy inferior, más acorde con la cantidad prometida por Estados Unidos..., lo mismo que nada.

Antonio Hill, asesor de Oxfam, resumió las negociaciones: "Cuando sonó el pistoletazo de salida, pudimos observar que se iba hacia una limitación de normas reguladoras de la que se valían los países ricos para debilitar sus compromisos en el ámbito internacional".

No es la primera vez que un celebrado retorno a la mesa de negociaciones resulta en una anulación de acuerdos, en medio de textos de leyes y convenciones internacionales tirados por los suelos.

Estados Unidos hizo un papel similar en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Racismo, reunida en Ginebra el pasado mes de abril. Tras realizar todo tipo de supresiones y tachaduras en el texto que se negociaba - no se hizo, así, referencia alguna a Israel o a los palestinos, a indemnizaciones por situaciones de esclavitud, etcétera-,la Administración Obama decidió boicotearlo en cualquier caso, señalando el hecho de que el nuevo texto "reafirmaba" el documento adoptado en Durban (Sudáfrica) en el año 2001.

Fue una excusa pobre e inconsistente, no exenta de lógica ya que Estados Unidos nunca había firmado el documento original. Sin embargo, lo carente de lógica fue la ola de retiradas similares por parte de países ricos. En el plazo de 48 horas tras el anuncio estadounidense, Italia, Australia, Alemania, Holanda, Nueva Zelanda y Polonia se retiraron. Pero, a diferencia de Estados Unidos, estos gobiernos habían firmado todos la declaración del 2001, de modo que no podían apoyarse en un determinado argumento para rechazar un documento que lo reafirmaba. Pero no importaba.

Por lo que se refiere a las negociaciones sobre el cambio climático, hacer frente común con Obama - con su impecable reputación-era una manera cómoda de eludir las gravosas obligaciones y compromisos del caso aparentando a la vez ser progresista; un servicio, por cierto, que Estados Unidos nunca pudo rendir durante el mandato de Bush.

De modo similar, Estados Unidos ha ejercido una influencia nociva en calidad de nuevo país miembro del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Su primera prueba fue el valeroso informe del juez Richard Goldstone sobre el ataque israelí contra Gaza, que concluyó que se habían cometido crímenes de guerra tanto por parte de las fuerzas armadas de Israel como por parte de Hamas.

En lugar de demostrar su compromiso con el derecho internacional, Estados Unidos hizo uso de su influencia para desprestigiar el informe tachándolo de "muy defectuoso" y emplear mano dura con la Autoridad Palestina a fin de que retirara una resolución de apoyo (es posible que la ANP, que se enfrentó a una furiosa reacción en casa por ceder a la presión de Estados Unidos, presente una nueva versión).

Y luego tenemos, cómo no, las cumbres del G-20, los compromisos multilaterales de Obama de más alto rango. Cuando se celebró la de Londres en abril, pareció por un momento que podría surgir algún intento internacional coordinado de refrenar a los especuladores financieros transnacionales y evasores de impuestos.

Sarkozy prometió incluso que abandonaría la cumbre si esta no alcanzaba compromisos serios en materia de regulación. Pero la Administración Obama no tenía interés en un auténtico multilateralismo y abogó en cambio por que los distintos países presentaran sus respectivos planes (o no)… confiando en que salieran las cosas según sus puntos de vista, de un modo similar al caso de su temeraria postura sobre el cambio climático. Sarkozy, no hace falta decirlo, no se levantó en ninguna dirección salvo para estar presente en la sesión de fotos junto a Obama.

Naturalmente, Obama ha adoptado algunas iniciativas en el panorama internacional, como al no tomar partido por el gobierno golpista de Honduras y al apoyar la nueva Agencia de las Naciones Unidas sobre las Mujeres.

Sea como fuere, ha emergido un claro patrón: en áreas donde otros países ricos vacilaban entre una acción basada en unos principios y la negligencia, las intervenciones de Estados Unidos los han inclinado hacia la negligencia. Si esta es una nueva era de multilateralismo, no vale la pena.

N. KLEIN, columnista de The Nation y The Guardian. Autora de La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre

Traducción: José María Puig de la Bellacasa

Canciones para el nuevo día (288): "Bad kids"


Black Lips - Bad kids


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Disco: Good bad not evil (2007)
Bad kids all my friends are bad kids
Product of no dad kids
Kids like you and me

Bad kids aint no college grad kids
Livin life out on the skids
Kids like you and me

In Class
We are a minority
Got no
Respect for authority
And won't
Play well with others
And steal
From all your mothers
They'll try
To give us pills
Oh wait
Give us all the pills
Go cry
Mom I gotta go to court
Dad won't
Pay his child support

Well you gotta understand
We only do these things because all we are is

Bad kids all my friends are bad kids
Product of no dad kids
Kids like you and me

Bad kids aint no college grad kids
Livin life out on the skids
Kids like you and me

At home
He throws a hissy fit
Time out
He doesn't give a shit
Got drunk
Off all of grandmas schnaps
Got caught
Runnin from the cops
Toilet
Paper on the yard
Six f's
On my report card
Smoke cigs
In the bathroom stall
Spray paint
Penis on the wall

Well you gotta understand
We only do these things because all we are is

Bad kids all my friends are bad kids
Product of no dad kids
Kids like you and me

Bad kids aint no college grad kids
Livin life out on the skids
Kids like you and me

domingo 1 de noviembre de 2009

Crítica de cine: "(500) días juntos", de Marc Webb



Ayer fui a ver esta película, una comedia romántica alternativa, diferente, fresca, casi innovadora, que va más allá de lo que un género tan trillado como éste puede ofrecer. Y salí satisfecho del cine.

Tom (Joseph Gordon-Levitt, el extraterrestre más joven de aquella maravillosa serie de mediados de los años 90 protagonizada por John Lithgow, 3rd Rock from the Sun, traducida aquí como Cosas de marcianos), arquitecto frustrado, trabaja escribiendo tarjetas de felicitación. A su trabajo llega Summer (deliciosa Zooey Deschanel, la inovidable Tricia/Trillian de Guía del autoestopista galáctico y hermana de la prota de Bones). Tom rápidamente se siente atraído por ella. Pero ella sólo le ve como un amigo. De este modo, con notables flashbacks, tenemos una película que rememora, a salto de mata, los 500 días que Tom pasó perdidamente enamorado de Summer.

"Esta no es una historia de amor", nos dice el narrador de la película. Pero lo es, aunque de un amor que no tiene correspondencia. Tom sueña, fantasea (muy logrado el número musical después de la primera coyunda entre ambos), ve las cosas a su manera (la pantalla partida en dos, con las expectativas de Tom y la cruda realidad), se desespera, se lanza, se la pega, resucita, vive y casi muere por el amor que siente hacia Summer. Pero ella no quiere una relación seria, disfruta de los buenos momentos con Tom, pero le deja bien claro que serán amigos, buenos amigos. A pesar de Tom, claro, y de sus expectativas.

Película con un guión original muy bien trabado, (500) días juntos es la cara B de las comedias románticas habituales. Añadamos a ese toque agridulce (más agrio que dulce) una banda sonora espectacularmente bien planteada, un ritmo ágil, guiños al frikismo que todos llevamos dentro y un final que deja buen sabor de boca. Y tenemos una de las mejores comedias de los últimos años. Una película sobre el amor idealizado, sobre la (aparentemente) falsa predestinación y sobre unos sentimientos que suelen dejarnos K.O. a las primeras de cambio.

No os la perdáis.

sábado 31 de octubre de 2009

Teatro: "Garrick", de Tricicle


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No hace mucho comentaba una obra de Tricicle, Sit. Pues el jueves por la noche fui a ver su última obra en cartel, Garrick, estrenada en 2007 y que Tricicle vuelve a traer a Barcelona. Y, precisamente, mañana domingo 1 de noviembre de cumplen los 30 años de este genial grupo sobre un escenario. ¡¡¡Felicidades!!!

Es una obviedad decir que con Tricicle sólo puedes esperar una cosa: carcajadas. Y eso me deparó Garrick: risas y risas durante algo más de hora y media. Un espectáculo en el que la risa (y la risoterapia) son los elementos esenciales, de principio a fin. Como afirman:

GARRICK está protagonizado por tres científicos en bata blanca con un único objetivo: HACER REÍR, tal cual; sin tapujos y sin excusas. Un objetivo ambicioso que combinado con la pujante moda de la risoterapia les ha acabado convirtiendo en DOCTORES DEL HUMOR, unos especialistas que ofrecerán una demostración sobre la fisiología del humor, los tipos de risa y las técnicas básicas para provocarla.

El título GARRICK –un nombre en principio extraño - tiene dos virtudes: la tercera es que sigue la costumbre de que sus espectáculos acaben en IC, y la quinta es que hace referencia a DAVID GARRICK, un célebre comediante inglés del siglo XVIII al que, según cuenta la leyenda, estaba tan extraordinariamente dotado para la comedia, que los médicos recomendaban sus actuaciones como una especie de “remedio mágico” capaz de sanar cualquier penda del alma. En términos contemporáneos, podríamos decir que GARRICK, sin saberlo, fue el primer risoterapeúta de la historia.

Hoy, en pleno siglo XXI, cuando conocemos científicamente que los niños ríen unas trescientas veces al día y los adultos tan sólo unas quince, Tricicle se proclaman sus humildes seguidores y nos ofrecen este espectáculo-homenaje que sólo busca (¿sólo?) conseguir que el público olvide sus problemas, rompa sus máscaras y se lance a reír con esos cuatrocientos músculos que dicen que tienen que ponerse en marcha para morirse de risa.

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Y cumplen con creces. Y para muestra, un botón:

video

O el vídeo que se exhibe en el espectáculo acerca de la risa y las neuronas, y en el que aparece el añorado Pepe Rubianes.

Yo no pude parar de reir desde mi segunda fila (incluse pude participar en una de las improvisaciones del grupo). Y reí desde el prólogo y con todos los gags, entre los que destaco led de los dos médicos en el acensor (Paco Mir y Carles Sans), los diversos tipos de humor y su visualización, el fakir (Mir) y su sádico ayudante (Sans), el tipo que tiene el torso y los brazos escayolados y trata de fumar un cigarrillo (Joan Gracia), los tres embarazados, etc. ¡Risas garantizadas! Imaginación, situaciones cotidianas, un humor muy gráfico y que llega enseguida, la mímica, apenas unas pocas palabras. Y, como siempre, un resultado redondo.

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Además, en esta ocación, Tricicle añaden dos aspectos: en uno de los gags, hacen una fotografía al público de esa sesión y luego la cuelgan en su web (aún no han colgado la del pasado jueves); y, para celebrar el 30º aniversario del grupo, al final del espectáculo regalan al público un bis de 15 minutos con los mejores gags de Tricicle en estas tres últimas décadas. ¡Bravo!

En 2010 abandonan Barcelona y se van a Madrid y Valencia. Los que estéis por allí, no os perdáis. Y los barceloneses de pro, ¡acercáos al Teatre Poliorama lo antes que podáis para pasar un buen rato!


PD: el pasado martes 20 de octubre, Ferran Monegal entrevistó a dos de los miembros del grupo (Mir y Sans) en su programa, Telemonegal (podéis ver en el enlace el programa; la entrevista, hacia la mitad del video).

La gran misión: democracia, idealismo y realismo


Xavier Batalla

La Vanguardia / 31-X-2009

La aceptación del golpe del general Huerta fue el principio de la paradoja de la política estadounidense

Theodore Roosevelt, presidente de Estados Unidos a principios del siglo XX, declaró solemnemente en 1904, según recogió Julius W. Pratt en su America´s colonial experiment (1964): "Una mala conducta crónica o una impotencia que dé por resultado un relajamiento general de los lazos de la sociedad civilizada puede requerir la intervención de alguna nación civilizada en América, así como en otras partes".

El presidente demócrata Woodrow Wilson, aunque corrigió el tiro, tampoco se quedó corto. La doctrina de Wilson dio por sentado que Estados Unidos sólo toleraría cierto tipo de gobierno en América Latina. Los dictadores militares quedarían fuera, al igual que los revolucionarios. Estados Unidos, pues, se reservaba el derecho a utilizar la fuerza contra los regímenes que considerara inaceptables. Salvando las distancias que se quiera, Wilson tuvo en Pancho Villa, a quien persiguió por tierras mexicanas, el primer Osama Bin Laden de la historia estadounidense.

Edward Grey, secretario del Foreign Office británico y realista de tomo y lomo, no tardó en percatarse de las consecuencias que podría tener esta política. En 1913, Walter Page, embajador estadounidense en Londres, explicó a Grey la postura de la administración Wilson, que acababa de declarar su intención de reconocer al Gobierno mexicano del general Victoriano Huerta, en el poder a raíz de un golpe que derrocó al liberal Francisco Madero. Esta acción puede considerarse como el principio de la paradoja de la política exterior estadounidense, que en Afganistán tampoco renuncia ahora, aunque ya sin el mesianismo de Bush, a propagar la democracia con la segunda vuelta de unas elecciones presidenciales que en agosto fueron amañadas por el presidente Hamid Karzai, un aliado incómodo. Entre Grey y Page se produjo este diálogo, según D. C. M. Platt (Finance, trade and politics in british foreign policy,1968):

Grey: "Suponga que tienen que intervenir, ¿qué ocurrirá después?"

Page: "Les obligamos a votar y a vivir de acuerdo con los resultados".

Grey: "Pero suponga que dicen no".

Page: "Volvemos y les obligamos a votar otra vez".

La gran misión democratizadora tuvo un hombre clave en William McKinley, un antecesor de Wilson, que anexionó Filipinas entre los siglos XIX y XX. La victoria estadounidense contra las tropas españolas en Cuba y Filipinas fue rápida, como un siglo después lo sería contra Sadam Husein. Pero la rebelión de Emilio Aguinaldo comenzó nada más publicarse el tratado de París, que estipuló la cesión de Filipinas a Estados Unidos a cambio de unos veinte millones de dólares. Theodore Roosevelt, siendo vicepresidente, equiparó a los filipinos con los apaches y a Aguinaldo con Toro Sentado, según ha recogido Gore Vidal en The decline and fall of the american empire (1992). Pero la guerra también suscitó una gran oposición interna en Estados Unidos, donde la crítica de Mark Twain abrió el camino a futuras generaciones que no comulgan con el lado oscuro de la gran misión. En 1966, el diplomático George Kennan, realista, declaró ante el Comité de Asuntos Exteriores del Senado en una sesión sobre Vietnam: "A nuestro país no se le debería exigir, ni se debería exigir él mismo, que cargue con el descomunal peso de determinar las realidades políticas de cualquier otro país".

En 1935, el general Smedley D. Butler, el marine más condecorado de su generación, escribió una de las críticas más severas a la política exterior estadounidense de la primera mitad del siglo XX: "Colaboré en hacer de Haití y Cuba lugares decentes para que los chicos del National City Bank recaudaran los ingresos. Contribuí a la violación de media docena de repúblicas centroamericanas para beneficio de Wall Street (...) Ayudé a limpiar Nicaragua para el banco internacional de Brown Brothers en 1909-1912. Descubrí la República Dominicana para los intereses azucareros en 1916" (Maverick marine,1987).

Barack Obama fue aplaudido hace un mes en la Asamblea General de la ONU cuando afirmó que "ninguna nación puede tratar de dominar a otra; ningún orden mundial que ponga a un país o a un grupo por encima de otro puede perdurar". Habló, pues, de la paradoja de la política exterior estadounidense. "La democracia no puede imponerse por ninguna nación desde fuera, y Estados Unidos ha sido selectivo en el pasado, y con frecuencia, en la promoción de la democracia", admitió. Pero Obama también dejó caer en su discurso: "Estados Unidos jamás renunciará al derecho de los pueblos a decidir su propio futuro en cualquier lugar del mundo". Las crónicas periodísticas del encuentro levantaron acta de que la Asamblea General se hizo entonces completamente muda.

viernes 30 de octubre de 2009

Reseña de "El designio de los dioses", de Alfonso Solís


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Es estimulante leer la novela de un autor novel, valga el juego de palabras. La lees con otros ojos, acostumbrados a obras de profesionales a tiempo completo y con una larga trayectoria. Tratas de tener paciencia si ves que el texto no se ajusta a lo que (posiblemente mal) estás acostumbrado a leer. Procuras, incluso, leer la novela con más calma de lo habitual. Finalmente, te acabará gustando o no, pero no lo haces con las exigencias que un autor ya encumbrado debe esperar en cada una de sus obras por parte de los lectores.

Con ello no quiero decir que se deban rebajar listones de calidad, pero sí ser justo, ecuánime y tener siempre presente que lo que para un profesional es un libro más (o no), para un autor novel es un parto difícil, ilusionado y anhelado desde mucho tiempo atrás. Por ello, ahora me encuentro escribiendo unas líneas sobre una novela que, en las primeras páginas, me pareció renqueante y tópica (tiquismiquis que es uno) pero que, a medida que avanzaban las páginas, y son casi 500, me fue enganchando, atrapando y en no pocas ocasiones seduciendo. Tanto que la devoré en apenas veinticuatro horas. Y ya os puedo decir que no es una novela perfecta, ni redonda, pero que, siendo una primera novela, apunta maneras.

Quien desee saber a fondo de qué va El designio de los dioses, de Alfonso Solís, que se dé un garbeo por el blog del autor y de la novela. Os sintetizo la sinopsis: Kalam, un joven médico, salva la vida del poderoso rey asirio Assarhaddon (681-669 a.e.v.), consiguiendo que, en agradecimiento, se le designe como médico personal del monarca. Pero el rey se encapricha de la esposa de Kalam, Damkira, y busca la ruina del médico. Integrado como médico en el ejército asirio que luchará contra los cimerios, Assarhaddon confía en que una flecha o una espada enemiga le libren del médico y, por ende, poder disfrutar de la bella Damkira. Os podéis imaginar que, aun siendo algo tópico el planteamiento inicial, la novela nos lleva a saber si los cimerios acaban con la vida del joven Kalam y qué sucede con él desde entonces.

La novela de Alfonso Solís recuerda mucho a títulos como El asirio y La estrella de sangre de Nicholas Guild, como muchos ya os habréis percatado, a El médico de Noah Gordon, a Creación de Gore Vidal y, curiosamente y casi de refilón, a Las mil y una noches. Sí, a todo ello y posiblemente a varios títulos más. Hay capítulos en concreto que incluso parecen atemporales por el modo en el que están escritos, pudiendo perfectamente suceder en otros períodos históricos. Pero Alfonso Solís no se limita a recordarnos títulos y posibles influencias: su libro, que, a pesar de tener a Kalam como protagonista indiscutible, tiene varios personajes estrella (Assarhaddon, el general Artacomo, el médico Itbala y el caudillo Jusman, ambos masagetas, el comerciante yuezhi Kargicheng, el monje Ging-Liu, el médico “egipcio” Passer), no es una mera novela de aventuras. La acción se mueve en las largas distancias, de Asiria a Kushan, más allá del desierto de Takla Maklan, de Kashgar y Samarcanda a Napata, en Nubia. Y se mueve con agilidad. Se mueve con el anhelo del médico de volver a casa con su familia. Se mueve con los ejércitos del asirio Artacoma para conquistar el Egipto del nubio Taharqa. Se mueve en la comunidad masageta entre en los confines de lo que después será el imperio persa. Se mueve en Gaza y en el delta del Nilo. Se mueve entre combates de luchadores y asedios de ciudades. Se mueve con médicos que tratan de salvar vidas y reyes que intentan privar de ella.

He disfrutado, para mi sorpresa, con esta novela. Me he enganchado a la historia en algunos capítulos: destacaría, en concreto, la estancia de Kalam/Afarat entre los masagetas, paralela a la invasión egipcia por Artacomo. Diría que es esta parte, entre las páginas 109 y 300, la más lograda por el autor. Pasamos, en capítulos alternativos, de lo que sucede en territorio masageta, con yuezhi, escitas y sármatas de por medio, a lo que acaece en el Levante asiático y el norte de Egipto. La trama se enrosca en estas páginas, parece que la cosa acaba y luego vuelve a empezar. Por ello, ante el placer que la lectura me ha deparado, puedo dejar de lado las múltiples comas mal colocadas o inexistentes, los diálogos algo forzados y con registros excesivamente coloquiales en ocasiones, el hecho de que Kalam se entienda con todo el mundo sin problemas de idiomas, el exceso de casualidades y de reencuentros en un espacio vastísimo, algunos anacronismos flagrantes (shardana y lukka de los tiempos del Bronce Final en las filas del ejército egipcio de casi seis siglos después, ciudades como Bukhara que aún no habían sido fundadas, el papel de los yuezhi como monjes pacíficos), etc.

Porque todos estos elementos no lastran la novela. Una novela que empieza algo errática, que temes que caiga en tópico tras tópico, pero que, de pronto, sin que te des apenas cuenta, coge un vuelo que hace que la leas con otros ojos en lo que queda de texto. Y es mucho texto. Y, aunque con algunas deficiencias, bien trabado y dosificado. Que los árboles no dificulten contemplar el bosque.

Por ello, para finalizar esta reseña, no me queda más que felicitar al autor por un texto que necesitaría un repaso para corregir algunas cosas pero que se lee con agrado y que atrapa: hoy en día, en mi caso particular, que una novela histórica me enganche ocurre cada vez menos. Animarle a que siga en la senda de la escritura y a que en un siguiente texto nos depare tanto entretenimiento como en la presente novela.

Canciones para el nuevo día (287): "Locomia"


Locomia - Locomia


video

Disco: Taiyo (1989)


Disco ibiza loco mia
Moda ibiza loco mia
Loco ibiza loco mia
Sexo ibiza loco mia
Mar ibiza loco mia
Sol ibiza loco mia
Marcha ibiza loco mia
Crazy ibiza loco mia

Loco mia keeps your body movin'
Get up on the groove
Get into the mood ger it
Loco mia keeps your body movin'
Abanicos will be groovin' till they see you
Gettin' it
Loco mia keeps your body movin'
Ain't nothing to it let your body do it
Ahhh
Loco mia keeps your body movin'
Don't you ever let nobody tell ya
You can't get down

Locomia, loco mia
Locomia, loco mia

Disco ibiza loco mia
Moda ibiza loco mia
Loco ibiza loco mia
Sexo ibiza loco mia
Mar ibiza loco mia
Get up loco mia
Crazy ibiza loco mia
Marcha ibiza loco mia

Loco mia keeps your body movin'
Ain't nothing to it let your body do it
Gettin' it
Loco mia keeps your body movin'
Abanicos will be groovin' till they see you
You can't get down

Loco mia, loco mia

Abanico loco mia
Gettin' it
Don't you ever let nobody

Abanico loco mia
Loco mia,
Abanico loco mia
Loco mia
Get up on the groove
Abanico loco mia

Abanico loco mia
Get up get up
Get up on the groove
Loco ma keeps your body movin'
Loco ma keeps your body movin'
Abanicos will be groovin' till
They see you
You can't get down

Loco mia
Abanico loco mia
Loco mia
Abanico will be groovin'

jueves 29 de octubre de 2009

El siglo más largo



La actual Gran Recesión pertenece a la lógica del siglo XX y las ideas que la alimentaron son las culpables de las secuelas que dejará. La llamada 'nueva economía' era una ideología destinada a beneficiar a unos pocos

JOAQUÍN ESTEFANÍA

El País /29-X-2009

Las bases del actual derrumbamiento de la economía estaban puestas hace dos décadas

Se impusieron dogmas interesados como que el Estado es el problema y el mercado la solución

Ahora que se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín, estación términi del siglo corto de Hobsbawm, es buen momento para revisar la tesis del historiador británico y comprobar si se ajustó a la realidad. Recordemos en qué consistía: hay una coherencia en los años transcurridos desde el estallido de la Primera Guerra Mundial hasta el hundimiento del comunismo. En esas casi ocho décadas se manifestaron tres fases: desde 1914 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial; desde 1945 hasta principios de los años setenta, 30 años de extraordinario crecimiento económico y transformación social; y una nueva era de descomposición, incertidumbre y crisis para vastas zonas del mundo. Ese siglo XX corto se compuso de una fugaz edad de oro, en el camino entre una y otra crisis hacia un futuro desconocido y problemático.

Cuando acaba de estudiar ese periodo, Hobsbawm manifiesta su preocupación por la existencia de un planeta cautivo, desarraigado y transformado por el colosal progreso económico y tecnológico del capitalismo dominante en los dos últimos siglos, que había mejorado las condiciones de vida de mucha gente. Y concluye: "Cuanto he escrito hasta ahora no puede decirnos si la humanidad puede resolver los problemas con los que se encuentra al final del milenio, ni tampoco cómo puede hacerlo. Pero quizá nos ayude a comprender en qué consisten esos problemas y qué condiciones pueden darse para solucionarlos, aunque no en qué medida estas condiciones se dan ya o están en vías de darse. Puede decirnos también cuán poco sabemos y qué pobre ha sido la capacidad de comprensión de los hombres y las mujeres que tomaron las principales decisiones públicas del siglo, y cuán escasa ha sido su capacidad de anticipar -y aún menos de prever- lo que iba a suceder, esencialmente en la segunda parte del siglo". (Historia del siglo XX).

Todavía cuando escribe esto el planeta está beneficiándose de los mejores efectos de la nueva economía, aquel paradigma que afirmaba que habían acabado los ciclos económicos (como se había terminado la historia) y que las sociedades no podían más que crecer y progresar. Hoy sabemos que la nueva economía fue en el mejor de los casos una ensoñación, y en el peor, una ideología cuyo objetivo era beneficiar a unos pocos. No es seguro, y tampoco probable, que nuestros hijos vayan a vivir mejor que nosotros. Cuando llevamos más de dos años de Gran Recesión y se empiezan a desvelar con crudeza las huellas que va a dejar en términos de paro, empobrecimiento de las clases medias, marginalidad, hambre, desigualdad o endeudamiento, ¿es demasiado arriesgado analizar esta crisis, heredera de la Gran Depresión, como una continuación natural de ese futuro desconocido y problemático que define al siglo XX, y aseverar que a medida que avanza el nuevo milenio está cada vez más claro que la tarea principal será reconsiderar los abusos intrínsecos del capitalismo? Entonces, el siglo XX no sería un siglo corto sino un siglo largo.

Son bastantes los que definen a la actual crisis como un cisne negro, en la descripción de Nassim Taleb: un acontecimiento inesperado que ocasiona enormes impactos; en este caso, una tormenta que surgió en un cielo casi sin nubes, imprevista, que se abatió sobre un planeta que creía que tales acontecimientos extremos no se iban a repetir. Otros, sin embargo, consideran que las bases para el actual derrumbamiento de la economía estaban puestas desde hace al menos dos décadas, cuando la autodestrucción del socialismo real cambió la naturaleza del poder y el escenario de los miedos; aumentó el temor de los ciudadanos comunes que empezaron a soportar, con más intensidad que nunca, la inseguridad a perder el puesto de trabajo, a quedar atrás en una distribución de recursos cada vez más desigual, a zozobrar en el control de las circunstancias y rutinas de sus vidas cotidianas; y quizá, y sobre todo, alarma ante el hecho de que quienes tienen la autoridad delegada hayan perdido su control a favor de fuerzas que están más allá de su alcance, como consecuencia de la globalización realmente existente. Por el contrario, perdieron esos miedos los poderosos, que a partir de principios de los años noventa no se tenían que enfrentar ya a la existencia de un sistema político y económico alternativo, con todos los defectos que se le quieran poner (y que eran ciertos), y tenían barra libre para experimentar a su favor con cualquier ungüento de serpiente, como era la desregulación de mercados inestables, con información asimétrica y competencia imperfecta.

Llevamos más de dos años componiendo el juego de culpables de esta crisis: los bancos centrales, que no la previeron o la facilitaron con su política de gran liquidez; las agencias de calificación de riesgos que nos engañaron sobre el verdadero valor de los activos financieros; los fondos de alto riesgo, totalmente libres; los banqueros, que sacaban de balance multitud de riesgos imprecisos; los organismos reguladores, que dedicados a lo que estaba dentro de sus fronteras no previeron que éstas ya no existían para los movimientos de capital; los gobiernos que permitieron todo lo anterior y lo legitimaron con su inacción. Pero para comprender esta Gran Recesión debemos ir más allá de ese espejo de culpables parciales o de chivos expiatorios, porque sólo ahondando en la fuente de los errores puede señalarse el sistema de ideas que dio lugar a ellos. Como acertadamente ha señalado Robert Skidelsky (El regreso de Keynes), cuando algo va mal el primer instinto es señalar a los responsables prácticos de la cosa y sólo empezamos a culpar a las ideas cuando resulta evidente que aquellos responsables no eran excepcionalmente corruptos, avariciosos ni incompetentes, sino que estaban actuando sobre lo que creían ser unos sanos principios y no lo eran: el pensamiento único.

Así que las prácticas de todos esos agentes, por escandalosas que hayan sido, deben remontarse a las ideas que las acogieron. Estas ideas (la autorregulación, el Estado es el problema y el mercado la solución, presupuestos equilibrados en sociedades con muchas necesidades, primero es crecer y sólo luego distribuir, la inflación como prioridad económica absoluta...) llegan siempre a la arena pública mezcladas con la política, los intereses creados, las circunstancias de cada época y lugar y devienen en la ideología dominante.

No sólo Skidelsky defiende esta interpretación de lo sucedido. El Nobel de Economía George Akerloff, y otro economista que puede serlo en cualquier momento, Robert Shiller, se preguntan en qué hemos estado pensando los ciudadanos durante la parte alta del ciclo, por qué no nos dimos cuenta de lo que estaba sucediendo si era evidente la artificiosidad de la economía, hasta que no se nos cayó el mundo encima con acontecimientos como bancos que quiebran y han de ser nacionalizados, empresas que desaparecen, contabilidad creativa, pérdida de centenares de miles de empleos, ejecución de hipotecas, sequía de préstamos, bonus desequilibrantes de la estructura social... Y se responden: porque el público y los Gobiernos se sentían respaldados por una teoría que les decía que estaban seguros, que todo iba perfectamente y que no corrían ningún peligro.

Aseguraba Schumpeter que las fluctuaciones cíclicas de la economía capitalista, hoy tan abundantes, no son como las amígdalas, órganos aislados que pueden extirparse por separado, sino como los latidos del corazón, parte de la esencia del organismo que los pone de manifiesto.

Quién nos iba a decir que más de 60 años después de su muerte, Keynes iba a ser tan reivindicado por el fracaso intelectual de las ideas que lo arrumbaron, que íbamos a volver a contemplar la historia mucho más como una escalera de espiral que con la linealidad que con tanta falsedad nos vendieron, y que no íbamos a poder dejar tan fácilmente el siglo XX, olvidándonos de lo terrible que fue.

Canciones para el nuevo día (286): "I'm too sexy"


Right Said Fred - I'm too sexy


video

Disco: Up (1991)


I'm too sexy for my love too sexy for my love
Love's going to leave me

I'm too sexy for my shirt too sexy for my shirt
So sexy it hurts
And I'm too sexy for Milan too sexy for Milan
New York and Japan

And I'm too sexy for your party
Too sexy for your party
No way I'm disco dancing

I'm a model you know what I mean
And I do my little turn on the catwalk
Yeah on the catwalk on the catwalk yeah
I do my little turn on the catwalk

I'm too sexy for my car too sexy for my car
Too sexy by far
And I'm too sexy for my hat
Too sexy for my hat what do you think about that

I'm a model you know what I mean
And I do my little turn on the catwalk
Yeah on the catwalk on the catwalk yeah
I shake my little touche on the catwalk

I'm too sexy for my too sexy for my too sexy for my

'Cos I'm a model you know what I mean
And I do my little turn on the catwalk
Yeah on the catwalk on the catwalk yeah
I shake my little touche on the catwalk

I'm too sexy for my cat too sexy for my cat
Poor pussy poor pussy cat
I'm too sexy for my love too sexy for my love
Love's going to leave me

And I'm too sexy for this song

martes 27 de octubre de 2009

Reseña de "La caída del Imperio Romano", de Adrian Goldsworthy



«La decadencia de Roma fue la consecuencia natural e inevitable de su desmesurada grandeza. La prosperidad sufrió ante el principio de decadencia; las causas de la destrucción se multiplicaron al ampliarse la conquista, y tan pronto como el tiempo o el azar hubieron eliminado los apoyos artificiales, el extraordinario tejido cedió a la presión de su propio peso. La historia de su ruina es simple y obvia, y en vez de preguntarnos por qué fue destruido el Imperio romano, deberíamos más bien sorprendernos de que perdurara tanto tiempo».

Edward Gibbon, Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, vol. III, cap. 38 (1781)

Soy de los que opinan que la obra de Gibbon, circunscrita a un período determinado de tiempo, está más que superada y que, siendo una obra única en su género, adolece de enormes carencias. Para empezar, es excesivamente narrativa y descriptiva, con un estilo muy dieciochesco que abunda en anécdotas y en lo que la escuela de Annales llamaría la histoire évènementielle, una historia de los acontecimientos que obvia cuestiones como la coyuntura (en esto, sigo a Fernand Braudel) y la longue durée. Además, es una obra que escapa a lo que podríamos entender los límites cronológicos del Imperio Romano como lo que conocemos per se, pues llega hasta la caída del otro Imperio Romano, el de Oriente, el Bizantino, la Romania que ya, desde el siglo VII e.v., tiene cada vez menos de romano y más de griego… en el sentido medieval de la palabra.

¿Cuándo cae el Imperio Romano? ¿Puede su caída durar un siglo, tal vez dos? ¿Quizá tengamos que utilizar la palabra decadencia o quizá crisis? Pero las decadencias no se eternizan, y las crisis, de por sí, son períodos coyunturales, estacionales y con un inicio claro y un final no muy lejano en el tiempo. Entre las múltiples acepciones que da el Diccionario de la RAE están «derrota, hundimiento, fracaso». Derrotas conoció muchas el Imperio e incluso tras una tan importante como Adrianópolis (378) el Imperio resistió un par de generaciones después de ella y de la división del mismo en dos zonas. Hundimiento… ¿puede un Imperio tardar un siglo en hundirse? Y fracaso… ¿podemos considerar el Imperio Romano de los siglos III-V un fracaso? Por su parte, este Diccionario nos dice qué es la decadencia: «declinación, menoscabo, principio de debilidad o de ruina». Y aquí las cosas toman otro sesgo, con mayores matices a tener en cuenta.

Adrian Goldsworthy, de quien ya conocemos libros anteriores como Las guerras púnicas (Ariel, 2002), El ejército romano (Akal, 2005), Grandes generales del ejército romano. Campañas, estrategias y tácticas (Ariel, 2005) y César (La Esfera de los Libros, 2007), nos presenta en La caída del Imperio Romano (La Esfera de los Libros, 2009) su visión del Bajo Imperio. El título en castellano no recoge lo que sí refleja el original en inglés, The Fall of the West. The Death of the Roman Superpower. Porque, tengámoslo claro, para Goldsworthy el Imperio Romano fue una superpotencia, la única en su período, por mucho que partos primero y persas después trataran de disputárselo. Una superpotencia como hoy lo son los Estados Unidos, cuyos paralelismos con la Roma imperial son muchos, conocidos y largos de explicar, algo en lo que no entraré (Goldsworthy sí que apunta pistas). Y el autor se centra en el Oeste, aunque considere el Imperio Romano en sí como una globalidad, más allá de disparidades regionales; pero es Occidente lo que le interesa y donde más se centra en su ensayo, aunque no descuida los frentes orientales ni el Imperio de Oriente tras la separación del año 395. Uno podría pensar si la lectura de Goldsworthy, por lo ya expuesto, tiene mucho de actual y del momento presente. Ahí queda ese debate abierto.

Pero, centrémonos y cedámosle la palabra al propio autor:
«El objetivo de este estudio es observar con más atención tanto los problemas internos como los problemas externos a los que se enfrentó el Imperio romano. El punto de partida será, como el de Gibbon, el año 180, cuando el Imperio aún parecía estar en pleno apogeo, para proseguir rastreando los vestigios del descenso hacia el caso que se produjo a mediados del siglo III. A continuación, examinaremos el Imperio reconstruido de Diocleciano y Constantino, la evolución hacia la división en las mitades oriental y occidental en el siglo IV y la caída del Imperio de Occidente en el siglo V. Por fin, la obra concluirá con una tentativa frustrada del Imperio de Oriente de recuperar los territorios perdidos en el siglo VI. […] A finales del siglo VI el mundo era profunda y definitivamente distinto al mundo descrito en nuestro punto de partida. El Imperio romano oriental era fuerte, pero no ejercía el inmenso poder y la hegemonía del Imperio romano unido. Esta obra habla sobre cómo se llegó hasta esta situación, y en ella desempeña un papel clave la historia de los individuos, hombres y mujeres, así como de los grupos, los pueblos y las tribus, y los acontecimientos que vivieron y que dieron forma a esos siglos». (pp. 40-41)
En pocas líneas, ahí tenéis resumido el libro. Un libro que navega entre la alta divulgación y la erudición académica, con lo bueno de cada esfera y dejando de lado las carencias de ambas. Una muestra de que el libro está enfocado al público en general (informado, eso sí) del ámbito anglófilo es que la bibliografía es enteramente anglosajona, siendo, en mi opinión, un hándicap, pues franceses, italianos y alemanes también escriben y publican obras de alta divulgación, por no mencionar las académicas. Con todo, Goldsworthy no rebaja el nivel: sintetiza, pero no simplifica; resume en ocasiones los aspectos más áridos del período (la crisis monetaria y económica, por ejemplo), para en otras cuestiones, militares sobre todo (su tema), dedicar más espacio y tiempo; aunque, personalmente, me acaban aburriendo las tres páginas que dedica a disertar sobre el arco huno (pp. 398-400) o el capítulo dedicado a la Britania bajo imperial (pp. 419-438). Con todo, hay un cierto equilibrio que logra que la lectura del libro sea placentera, pues, además, el libro es ameno, aunque no ligero.

Goldsworthy se plantea en la introducción la gran pregunta: ¿cuándo cayó el Imperio romano? Para él, la respuesta es clara: en el siglo V, cuando el Estado romano dejó fe funcionar paulatinamente en el Imperio de Occidente, cuando los ejércitos romanos cedieron ante los numerosos grupos poblacionales bárbaros, que crearon sus reinos propios; cuando la burocracia romana, aumentada en el siglo IV, dejó de ser útil y poco a poco fueron las instituciones locales las que se encargaron de negociar con los pueblos invasores, de impartir justicia o de repartir alimentos. Fue en el siglo V cuando la figura del emperador fue vaciada de contenido, siendo un monigote en manos de caudillos militares romanos y bárbaros. Fue un proceso paulatino, gradual, sin una fecha obligatoria: el año 476 es sólo una referencia cronológica, y la deposición de Rómulo Augústulo, nombre más que irónico, una anécdota local que apenas tuvo trascendencia en un Occidente cuarteado y repartido.

De este modo, el libro es, en gran parte, un repaso a cómo el Imperio romano se fue transformando y reformando en los siglos III y IV, superando el laxo período crítico de los años 235-284. Diocleciano reformó un Imperio que seguía siendo poderoso, Constantino mantuvo la esencia del mismo, más allá de la cuestión del cristianismo. Incluso Juliano el Apóstata dirigió durante apenas dos años los designios de un imperio capaz de derrotar al reino sasánida de Sapor II. Ejército, burocracia y corte se mantuvieron, con mayores o menores cambios, como los pilares del Imperio romano hasta los albores del siglo V. Pero las cosas, de Alarico a Atila, cambiaron. Y fue un proceso gradual. Esos tres pilares se quebraron a lo largo del siglo, y el resultado ya lo conocemos: hacia el año 500, el Imperio ya era un recuerdo del pasado en un Occidente que jugaba con otras cartas de la baraja.

Un libro, pues, más que recomendable, no perfecto, con algunos altibajos en el ritmo expositivo, que trata ofrecer una imagen global del Imperio romano durante tres siglos (y, a grandes rasgos, lo consigue). Un buen libro, en definitiva, a medio camino entre el manual y el ensayo. Juzguen ustedes mismos.

Canciones para el nuevo día (285): "Rock me Amadeus"


Falco - Rock me Amadeus


video

Disco: Falco 3 (1985)


Ooo rock me Amadeus
Rock me Amadeus...
Rock rock rock rock me Amadeus
Rock me all the time to the top

Er war ein Punker
Und er lebte in der großen Stadt
Es war Wien, war Vienna
Wo er alles tat
Er hatte Schulden denn er trank
Doch ihn liebten alle Frauen
Und jede rief:
Come on and rock me Amadeus

Er war SuperstarEr war
populärEr war so
exaltiert
Because er hatte Flair
Er war ein Virtuose
War ein Rockidol
Und alles rief:
Come on and rock me Amadeus

Amadeus Amadeus, Amadeus
Amadeus Amadeus, Amadeus
Amadeus Amadeus, oh oh oh Amadeus

Come on and rock me Amadeus
Amadeus Amadeus, Amadeus
Amadeus Amadeus, Amadeus
Amadeus Amadeus, oh oh oh Amadeus

Es war um 1780
Und es war in Wien
No plastic money anymore
Die Banken gegen ihn
Woher die Schulden kamenWar
wohl jedermann bekannt
Er war ein Mann der Frauen
Frauen liebten seinen Punk

Er war SuperstarEr war
populärEr war so
exaltiert
Because er hatte Flair
Er war ein Virtuose
War ein Rockidol
Und alles rief:
Come on and rock me Amadeus

Amadeus Amadeus, Amadeus
Amadeus Amadeus, Amadeus
Amadeus Amadeus, oh oh oh Amadeus

Come and rock me Amadeus....
Amadeus Amadeus, Amadeus
Amadeus Amadeus, Amadeus
Amadeus Amadeus, oh oh oh Amadeus
Come and rock me Amadeus....

Baby baby do it to me rock me
Baby baby do it to me rock me
Baby baby do it to me rock me
Ja ja ja
Baby baby do it to me rock me
Baby baby do it to me rock me
Baby baby do it to me rock me

Amadeus Amadeus, Amadeus
Amadeus Amadeus, Amadeus
Amadeus Amadeus, oh oh oh Amadeus...

Amadeus Amadeus, Amadeus
Amadeus Amadeus, Amadeus
Amadeus Amadeus, oh oh oh Amadeus...

Amadeus...

lunes 26 de octubre de 2009

Crítica de cine: "After", de Alberto Rodríguez




Anoche fui a ver esta película española, cuarta del director sevillano Alberto Rodríguez, que logró un éxito importante hace un par de años con 7 vírgenes. Si entonces nos mostraba un mundo de jóvenes en una barriada, ahora nos lleva a tres casi cuarentones, Julio (Guillermo Toledo), Ana (Blanca Romero) y Manuel (Tristán Ulloa), a lo largo de una noche. Ahondando en lo que quizá ya sea un tópico - alcohol, drogas y sexo -, senos muestra esa noche (y la situación de cada uno de ellos en días y horas anteriores) desde el punto de vista de cada uno de ellos.

Cada uno de los personajes asume un rol diferente, en función de lo que es su propia vida y de lo que quizá quisieran. Así, como si fueran tres episodios diferentes sobre un mismo acontecimiento, vemos a Manuel, un padre de familia desencantado de la vida matrimonial, de un hijo que parece distanciarse de él; vemos a Julio, un aparente triunfador en su profesión, aunque un fracasado en aquello que afecta a su vida personal, vacía y solitaria; y, por último, vemos a Ana, una mujer también aparentemente ganadora, independiente, pero que esconde unas carencias afectivas que la impulsan a buscar en uno o varios hombres aquello que cree que le falta.

Si hubiera que definir esta película, quizá la conclusión sea el mal cuerpo que le deja al espectador. Porque lo pasa mal viendo la decadencia física y mental de personajes como Julio tras una noche de juergas, alcohol, cocaína y desesperación. Es quizá con este personaje con quien el espectador "sufra" un poco más que con el resto, llegando incluso a una situaciòn de mal rollo contagiosa y en la que creo que Rodríguez carga un poco las tintas. Mientras que con el personaje de Manuel nos queda un poco la incertidumbre y, quizá, la posibilidad de una esperanza y de, incluso, una redención. Y con Ana nos queda mucho desasosiego, mucha duda interna, mucho qué decirle aun personaje que parece fuerte, que parece tener asidas las riendas de su vida y que, no obstante, está tan perdida (y vacía) como sus dos amigos.

Con todo, hay un equilibrio en la película. Un equilibrio que no se rompe con alguna que otra escena innecesaria (la confesión del empleado de la empresa que Julio está auditando). Hay mal rollo, es cierto, mal cuerpo, quizá se abuse un poco del complejo de Peter Pan para caracterizar a los personajes, pero se nos muestra con bastante realismo (no exento de tópicos, es cierto) a tres personajes, tres náufragos más bien, en un mundo que parece ahogarles.

Buena película, sí señor.

Canciones para el nuevo día (284): "Brother Louie"


Modern Talking - Brother Louie


video

Disco: Ready for romance (1986)


Dear, love is a burning fire
Stay, cause then the flames grow higher
Babe, dont let him steel your heart
Its easy - easy
Girl, this game cant last forever
Why we cannot live together
Try - dont let him take your love from me

Youre no good, cant you see brother louie, louie, louie
Im in love - set you free
Oh, shes only looking to me
Only love breaks her heart brother louie, louie, louie
Only loves paradise
Oh - shes only looking to me

Brother louie, louie, louie
Oh, shes only looking to me
Oh, let it louie
She is undercover
Brother louie, louie, louie
Oh, doing what hes doing
So, leave it louie
Cause Im her lover

Stay, cause this boy wants to gamble
Stay, love is more than he can handle, girl
Oh, come on stay by me forever, ever
Why does he go on pretending
That - his love is never ending fate
Babe, dont let him steel your love from me

domingo 25 de octubre de 2009

La vida cotidiana de Darth Vader en 15 fotos


Una frikada que he visto por ahí. La fuente es My modern metropolis. Está divertido, jejeje, sobre todo algunas de ellas.

Si es que como la vida misma...































House 6ª temporada, cap. 6: "Corazón valiente (o "brave heart")"



Pues ya estamos con el ¿quinto? ¿sexto? capítulo. ¿Queréis verlo y con buenos subtítulos? Ya sabéis dónde.

Primero el caso médico: un poli que rondando la cuarentena se cae desde una azotea intentando hacerse el machito. No se muere ni eso es lo importante del tipo: lo que llama la atención a House y sus secuaces (empezando por Santa Cameron, que vuelve a sus andadas) es que el poli parece tener un problema cardíaco congénito y hereditario, que ya tuvieron su papi y su yayo, por el cual, cuando llegan a los cuarenta años de edad, zas, la palman. Y claro, el tipo anda preocupado. Y los médicos ya os podéis imaginar que también. Por cierto, hay gente que tiene más vidas que un gato.


Por otro lado, House y Wilson, que viven juntos desde ya hace varios capítulos (¿no tenía piso propio el amigo Greg?), siguen a la suya, pero la cosa empieza a complicarse cuando House, por la noche, haga como el niño de El sexto sentido y, en ocasiones, oiga muertos. La cosa pinta rara. Por otro lado, House tiene que pasar 120 horas de prácticas para recuperar su licencia y, claro, menudo está hecho para aceptar órdenes de cualquiera.


Y la cosa del caso del tirano africano sigue arrastrándose para Chase. Ya veremos cómo acabará esto.

El capítulo me ha gustado, bastante mejor que el precedente. Buenos diálogos de House y Wilson, alguna que otra sorpresita por medio y esa química ¿o tensión? sexual entre House y Cuddy que da mucho juego y que espero que se prolongue varios capítulos; proque una vez consuman la coyunda, sí la hay, ya no será lo mismo.

Más rumores y comentarios: parece ser que en los próximos capítulos, House y Wilson podrían tener una nueva vecinita... Imaginamos que eso dará bastante juego. Y, si queréis, podéis escuchar la recopilación de canciones que se escuchan en el primer capítulo de esta 6ª temporada.

Y nos vamos de vacacioens hasta el lunes 9 de noviembre. Próximo capítulo, ya perdí la cuenta, de cuál, se titula "Known unknowns", que dice la Wiki que es una alusión a Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de Bush Jr, y que podríamos traducir como "Ignorancias conocidas".

sábado 24 de octubre de 2009

Obama y el clan Corleone




Pascal Boniface

La Vanguardia / 24-X-2009

Si recordamos la película El Padrino, don Vito Corleone (interpretado por Marlon Brando), al frente de la más poderosa organización de la ciudad, es abatido por cinco disparos cuando pasea tranquilamente por las calles de Nueva York. ¿Cómo reaccionar?, se preguntan sus tres hijos. ¿Cómo preservar el dominio del clan ante este ataque sorpresa?

En un librito muy espiritual, The Godfather doctrine, dos autores estadounidenses, John Hulsman y Wess Mitchell, hacen una comparación entre la película El Padrino y la política exterior americana. ¿Acaso el filme de Coppola puede dar algunas indicaciones sobre el modo en que Estados Unidos debe conducir sus relaciones internacionales? Sí, responden los autores presentando la "doctrina del padrino". ¿Es que no existe un paralelismo entre el ataque contra Vito Corleone y los atentados del 11 de septiembre? En los dos casos la potencia dominante, segura de su fuerza, ha sido atacada violentamente y por sorpresa por un adversario al que no vio venir y del cual no ha entendido sus motivos.

Tres de los hijos de don Vito quieren responder de modo distinto a este nuevo desafío. Sus hijos representan, de hecho, las tres opciones de la política exterior norteamericana: la creencia en las instituciones, el neoconservadurismo y el realismo.

Tom Hagen, el hijo adoptivo de origen germanoirlandés, es el consejero jurídico de la familia. Cree que hay que responder a la amenaza del clan Sollozzo con una serie de acuerdos y compromisos recíprocos, lo que corresponde un poco a la visión liberal e institucional en boga en las filas demócratas y que encarnó, en su día, Woodrow Wilson. De hecho lo que desea tras el ataque a su padre es volver rápidamente al mundo que existía antes. Por ello propone un acuerdo con las otras familias. Su leitmotiv es: "Hay que hablar con ellos", partiendo del principio de que ellos prefieren el statu quo a la revolución y están interesados en apoyar un retorno a la paz si tienen mejor acceso a algunos recursos.

El segundo hijo, Sonny, desencadena una ofensiva unilateral y violenta contra la familia Sollozzo. Quiere arreglar el problema rápidamente y por la fuerza porque cree que eso juega a su favor. Su precipitación le lleva a no analizar la correlación de fuerzas. Es, de hecho, la posición neoconservadora. El intento de Sonny de asesinar a su cuñado, sospechoso de traición, que se transforma en una trampa en la que es asesinado es, de hecho, la guerra de Iraq, la trampa que se cerró sobre Estados Unidos.

La posición de Tom no puede tener éxito porque se efectúa a partir de una posición de fuerza que ya no existe, lo que imposibilita que la negociación sea suficiente para imponerse. Pero Sonny tampoco es coherente. Él tampoco está en condiciones de imponerse por la vía violenta. Sonny va a aislar al clan Corleone, unir a sus enemigos y ese recurso imprudente a la fuerza acelerará el declive de la familia. Priorizar las negociaciones o el recurso a la fuerza son, pues, dos posiciones ilusorias.

El tercer hijo, Michael, comprende que es necesario efectuar una gran reevaluación estratégica. Así que apostará por dejar fuera de juego a aquellos rivales a los que no puede reclutar y negociar con aquellos con quienes sería muy costoso oponerse. Al comienzo es un civil (está alejado de los asuntos de la familia y condena su deriva inmoral) pero será él quien hará eliminar físicamente a los jefes que rechazan pactar con él. Propone una mezcla de política del palo y la zanahoria. Ello permite mejores éxitos diplomáticos que el simple acercamiento institucional y ser un combatiente más eficaz que aquel que no ve más opción que la guerra. Sabe que el clan Corleone está debilitado estructuralmente por la evolución global de las relaciones de fuerza y usará a la vez la fuerza y la diplomacia.

Es esta posición de Michael la que los autores recomiendan a Obama. Es con esta política del palo y de la zanahoria como hay que tratar con Irán (proponiendo de un lado inversiones, reconocimiento diplomático por EE. UU., un compromiso de no intervención y, por otro lado, la perspectiva de una congelación de todas las inversiones que pondría a Irán de rodillas) y como hay que renovar el sistema de Breton Woods integrando en el mismo a los países BRIC, etcétera. Es así como, a la manera del clan Corleone, Estados Unidos seguirá siendo el primus inter pares en un mundo que ha cambiado completamente, usando a un tiempo el soft y el hard power.

Seguramente se podrá decir que apenas quedan ya partidarios de la opción Tom Hagen en Washington. Los seguidores de Sonny tampoco están en su mejor momento. En cuanto al método de Michael, es sobre todo una cuestión de dosificación. Falta que la comparación sea graciosa y el consejo, pertinente.

P. BONIFACE, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas(IRIS) de París

viernes 23 de octubre de 2009

Crítica de cine: "Calígula", de Tinto Brass



Hay películas que, por un motivo u otro, se quedan en lo circunstacial. Hay otras que se quedan en el contenido y no en las formas. Las hay que consiguen enseñarnos un precioso producto aunque vacío de contenido. Y las hay que tienen un poco de todo y además provocan. Y Calígula (1979), es de esas últimas.

Quizá no haya una película que haya recibido tantos varapalos por la cuestión incidental como ésta: las escenas explícitamente pornográficas. Y quizá esta cuestión haya soslayado el debate acerca del contenido no estrictamente sexual de la cinta. Porque nos encontramos con un peculiar peplum, una película sobre el césar loco, una película sobre el poder, los abusos y los límites del mismo. Una película que va más allá de lo incidental y de lo grotesco.


La historia de esta película ya da para una película en sí misma. Sintetizando, tras una preproducción que se alargó durante varios años y tras varios cambios de director y de actores, Tinto Brass se encargó del rodaje de una película que cuenta con un elenco de intérpretes ya de por sí destacable: Peter O'Toole, John Gielgud, Malcolm McDowell, Helen Mirren, Teresa Ann Savoy,... El soberbio guión es de Gore Vidal, autor de grandes novelas históricas como Juliano el Apóstata, Lincoln y Creación. Pero la productora es Penthouse y, con esta revista, Bob Guccione, su creador (una revista que no se prodiga especialmente por el buen gusto de sus desnudos). Mientras Tinto Brass -que siempre ha hecho un cine con alto contenido erótico (Salón Kitty, Los burdeles de Paprika), que sugiere más que gruesamente enseña -, por las mañanas rodaba la el 80% de la película según guión, con altas cotas de sensualidad y de erotismo (algunas rozando y superando, incluso, lo explícitamente sexual), por las noches, Guccione, con brocha gorda y varias de sus playmates de revista, rodaba las escenas pornográficas, ese 20% restante.

No nos confundamos tampoco ni nos rasguemos las vestiduras, a Brass no le escandalizaron las escenas pornográficas que Guccione rodó: le molestó que éste cortara, manipulara y retocara el metraje que Brass había filmado y que tenía una coherencia lineal. Intercalando las escenas pornográficas en medio de escenas que no tenían nada que ver, cortando escenas o reubicándolas donde no tocaban (hay varios desajustes cronológicos en la primera hora, si uno se fija un poco). Gore Vidal se quejó de que su guión fue retocado e incluso reescrito (alguna escena, incluso, por parte de Malcolm McDowell). Y cuesta creer que los actores no supieran, en ese mismo set, de rodaje lo que pasaba por las noches.

La prensa estuvo al tanto de lo que sucedía y saltó el escándalo. Vidal renegó del resultado final y no quiso que su nombre saliera en los créditos (aunque aparece), Brass no asumió la dirección de la cinta (se limitó a ser aceptar ser el director de fotografía), la mayoría de actores quedaron escandalizados (o no...), incluso algunos, como Gielgud y O'Toole acabaron cogieron un cabreo de aúpa. Y Guccione asumió el montaje final de la película, que supera las dos horas y media, aunque el "montaje del director" llega a las tres horas y media. Resultado final: una película escandalosa, catalogada como X y prohibida en varios países. Eso sí, la publicidad gratuita la convirtió en una película ya de culto desde sus inicios. Y hay que decir que como tal, por su contenido y no por lo pornográfico, debería ser considerada una cinta de culto.

Entremos en materia: la película comienza con un Calígula (McDowell) que es casi el único pariente familiar vivo del cruel pero lúcido Tiberio (O'Toole), si descontamos a su primo Gemelo y a su tío Claudio. Como más que probable heredero del trono, Calígula viaja a Capri, donde Tiberio ha creado su refugio de placer, tétrico, oscuro y bizarro. Con la ayuda de Macro, el prefecto del pretorio, pues no se atreve finalmente a asesinar con sus manos a Tiberio, Calígula consigue el poder y empieza un reinado de locura, asesinatos, violaciones y truculencias varias. Su amor incestuoso y más allá de lo carnal con su hermana Drusila (Savoy) , su convencimiento de ser un dios, su concepción de estar desligado de las leyes terrenales (ab-solutus) y su crueldad sin límites convierten a Calígula en un personaje complejo, cualquier cosa menos aburrido o lineal, exagerado, malévolo y manipulador. Todo ello no puede llevar más que a su asesinato, tras cuatro años de terror (para algunos, que no para todos los romanos) y de reinado.


Este es el Calígula que nos muestran Brass y Vidal, y que encarna con convicción un McDowell en estado de gracia. Un Calígula que se nutre del texto de Suetonio, esencialmente, de esa leyenda negra que siempre va asociada con él. Una leyenda negra que bebe de fuentes senatoriales, que hay que leer entre líneas y no asumiendo automáticamente como cierto todo lo que dice (lo cual no significa desdeñar estas fuentes).

Frente a este Calígula destaca un Tiberio que sabe lo que está haciendo al designar a su sobrino-nieto como heredero: Roma está corrupta, qué mejor emperador que un príncipe corrupto hasta la médula. Tiberio trata de justificar lo que ha hecho y lo que es: nunca quiso ser emperador, le obligaron a aceptar unas riendas que nunca deseó. Implícitamente, Tiberio acusa a Augusto y a Livia de los males de su familia ("en nuestra familia, el hermano mata al hermano, que antes ha matado al padre"). Hay una lectura política y antropológica de fondo y en la que se encuentran diversos elementos que analizar: el poder en sí, los límites del mismo, los abusos que se pueden cometer en nombre de una idea ("yo, en nombre del Senado y del pueblo de Roma..."), de un Estado ("este es mi mejor semental [un tipo con un falo enorme], sirve al Estado").

Frente a Tiberio, vemos a un Nerva (Gielgud), amigo íntimo de Tiberio, conocedor de su brutal naturaleza, pero al que respeta y a quien siempre le dice la verdad ("me insulta en la cara", dirá de él un Tiberio sonriente cuando Nerva hace un comentario que no le favorece). Nerva simboliza el pasado de Roma, los ideales puros de la antigua República; uns ideales en los que Tiberio creyó pero que desechó, por ira, egoísmo y ambición de poder, para sumergirse en el pozo de los truculentos placeres de su naturaleza humana en Capri. Pero estamos también ante un Nerva que, previendo la muerte de Tiberio, sabe que no tiene lugar en la "nueva" Roma de Calígula y secuaces como Macro, y por eso prefiere cortarse las venas. La escena de Calígula preguntando a un agonizante Nerva que ven en la otra vida ("nada", le responderá Nerva) es soberbia: incapaz de entender que no hay una Isis o una vida en el más allá, Calígula acabará por ahogar a Nerva.

Drusila y Cesonia (Mirren), esposa de Calígula, son, en cierto modo, la otra cara de Calígula: una con un componente más tierno (aunque no ciego) y romántico, la otra siendo la mujer que aprueba y participa de los vicios del emperador. La muerte de Drusila precipitará a Calígula a la desesperación, pero no a una "locura" que el personaje ya tenía al empezar la película. ¿Cómo definir esta locura? ¿Como el simple y puro Mal? ¿Como la muestra más perfecta de que Calígula esta por encima de los convencionalismos sociales, de las ideas del bien y del mal, del límite que marcan las leyes del hombre? ¿Es la divinidad a la que aspira Calígula un espejo de aquello que quisiera ser pero que el concepto de hombre no le permiten siquiera pensar?


Junto a estos personajes, asistimos a un ambiente de bizarros decorados y escenas que recuerdan a Golfus de Roma o al Satyricon de Federico Fellini. Lo que pretende ser un producto de cine histórico va más allá de la mera etiqueta y tiene mucho de bufonada, de comedia grotesca y llevada al límite (el "viaje" de Calígula entre la plebe romana). La música es uno de los elementos importantes de la película: Aram Khachaturian y Sergei Prokofiev llenan con sus obras parte de la obra, siendo el Adagio del ballet Espartaco del primero un leitmotiv de la película y un eco de la relación entre Calígula y Drusila:



He visionado esta película bastantes veces, la considero una excelente película, que va más allá de lo que es cine histórico (que de eso tiene más bien un componente parahistórico o incluso ahistórico). Brass, además, construye una imagen del amor y del sexo en la Roma antigua que supera lo que Guccione, con su playmates y sus escenas pornográficas (incluyendo la escena del barco-burdel), groseramente impone. Tampoco desdeño sin más estas escenas pornográficas dentro de la película, forman parte de ella, queramos o no, e ilustran los tópicos sobre las orgías romanas que siempre nos han acompañado.

Que los árboles no impidan ver el bosque, podría decir en última instancia.

martes 20 de octubre de 2009

"Ovidio quiso el placer de la mujer..., y eso le costó la vida"


Alfonso Cuatrecasas, estudioso de la antigüedad romana

Tengo 70 años. Soy barcelonés. Soy doctor en lenguas clásicas: he impartido latín durante 46 años. Soy padre de cuatro chicas, dos mías dos de mi mujer. En política, odio los "ismos", soy un moderado. Soy católico, y practicoami modo. El sexo en Roma se parecía al actual

VÍCTOR-M. AMELA

La Vanguardia / 20-X-2009

¿Cómo ligaban los antiguos romanos?

En los primeros siglos no ligaban. Fornicaban por los descosidos,y ya está. Con esclavas, concubinas, criadas...

¿Y la señora esposa?

Pasaba del padre al marido en propiedad: no contaba para el placer, sólo para la reproducción. Luego esto cambió: tras tanta represión, la mujer romana se desmelenó.

¿Cómo fue eso? ¿Qué pasó?

Hacia el siglo I a.C. el divorcio se simplificó. Yhubo más acceso a literatura erótica. Y las mujeres acudían a espectáculos públicos...

¿Y?

Que allí mujeres y hombres se mezclaban: "Ellas vienen para ver, ¡pero más para ser vistas!", anotó Ovidio, y las mujeres fueron promiscuas, para disgusto de Augusto...

¿Qué le disgustaba a Augusto?

Tanta desinhibición: quiso moralizar la sociedad ¡y por eso envió a Ovidio al destierro al mar Negro! Allá murió, pobrecito...

¿Qué delito cometió el poeta Ovidio?

Publicar Ars amandi, consejosahombres para conquistar amantes y satisfacerlas..., ¡y consejosamujeres para seducir a hombres!

¿Servirían hoy sus consejos?

"Si tu esposa descubre tu infidelidad, ¡niégalo obstinadamente! Y de tu pene depende reconciliarte: un buen polvo le demostrará que no has gozado de otra".

¿Toma nota? ¿Eh?

Para la entrevista... Ovidio fue revolucionario: "Odio el coito en que el orgasmo no es mutuo. Me gusta la mujer que con gritos expresa su placeryme pide que no corra tantoyme retenga". ¡Ovidio abogó por el placer de la mujer! Instruyó al hombre para propiciar el orgasmo femenino. Hoy parece normal, pero estoaOvidio le costó la vida, como hemos visto.

¿Rechazaba el sexo Augusto?

Le placía desflorar vírgenes,yhasta su esposa se las buscaba... Augusto temía que la apología del placer de Ovidio –contrario a la rutina matrimonial– incrementase el adulterio, y que ello desestabilizase la sociedad.

¿Hubo muchos adúlteros por Roma?

Julio César se encamó con Mucia –esposa de Pompeyo– y con Tértula –esposa de Craso–, sin retirarle ellos su amistad por eso...

¿Qué emperador romano fue el mayor sexoadicto?

Tiberio designó un "intendente de placeres". Calígula se acostaba con su hermana, y en una boda violó a novio y novia. Nerón gustaba de orgías e hizo castrar a un amante, lo vistió de mujer y se casó con él. Claudio era adicto a las profesionales del sexo, mientras su esposa, Mesalina, rivalizó con la mejor prostituta de Roma ¡y la derrotó!

¿Laminó todo eso la prostitución?

¡Qué va! Hubo siempre prostitución. Desde el principio: a los fundadores de Roma, RómuloyRemo, los amamantó "la loba", y "loba" se llamaba a las prostitutas...

¿Alguna diferencia con la actual?

No. Se toleraba. Había prostitutas de burdel, otras callejeras y otras ocasionales. De las callejeras deriva el término prostituta: pro stare significa mostrarse, exhibirse. Somos verdaderos hijos de Roma, veo. Y fornicar deriva del lugar donde se apostaban las prostitutas: bajo fornices, es decir, arcos de monumentos (como en la Boqueria).

¿En qué hemos progresado?

En nuestra actual aceptación de la homosexualidad. Que un romano se desahogase con un muchachito –Julio César lo hacía– se veía bien... si su bisexualidad era activa.

¿Y si era pasiva?

Se consideraba degradante: tú podías sodomizar y ser bien visto, pero estaba muy mal visto dejarte sodomizar. ¡"Hombre casto" era el que jamás había sido sodomizado!

¿Alguna otra práctica estigmatizada?

El felador estaba mal visto. Y, en la época de sumisión de la mujer, el que practicaba el cunnilingus: qué importaba el placer femenino? Se decía que hipertrofiaba el clítoris.

El gran poeta Ovidio aparte, ¿quién más escribió de amor y sexo en Roma?

Lucrecio, Horacio, Cátulo, Propercio, Séneca, Marcial, Cicerón, Tácito, Plutarco..., ¡los grandes! Juvenal, cáustico, se asombra de que un amigo vaya a casarse "¡teniendo cuerdas para ahorcarte y altas ventanas para suicidarte, y un puente para arrojarte!".

¿Quién le parece el más picante?

Ausonio describe una desfloración crudamente pornográfica, Propercio alardea de resistencia amatoria ("que mi amante me deje exhausto; y si ella sola no puede, dos"), Marcial satiriza la anchura de cierta vagina, Apuleyo narra cópulas en diversas posturas, Petronio incita a surcar el jardincito de Cupido hasta hundir el tirso...

¿Tirso?

El báculo de Baco, alegoría del pene. El jardincito es el sexo femenino, claro...

¿De qué otros modos podía denominársele en latín?

Cunnus, vulva, specus (cueva), inguinis fossas, media puella, hortus veneris...

¿Y al pene?

Penis, mentula, virilia, nervus, verpa, columna, pipinna (pene pequeñito), cauda (cola), fascinum... Al falo, por cierto, se le rindió culto religioso en Roma.

¿Por qué motivo?

Símbolo de vitalidad, fue talismán contra todo mal, propiciatorio de fortuna y fecundidad: se esculpía en la entrada de casas y ciudades, hincábanse falos de piedray madera en huertos y jardines... Y tenía su dios específico: el dios Príapo, representado con su descomunal falo siempre erecto


Canciones para el nuevo día (283): "Yeh! Yeh! Yeh!"


Melanie C - Yeh! Yeh! Yeh!


video

Disco: Reason (2003)


Easier to let go
Give in to yourself tonight
Get on with the show
Expect me not to be so pure
Give me one for the road
Got a fever for sure

Yeah yeah yeah - I'm on a mission
Yeah yeah yeah - If you're with me raise your hands
Yeah yeah yeah - Got no inhibitions
It's our decision, we're gonna have a good time
Yeah yeah yeah - Got a new religion
Yeah yeah yeah - Gotta take me as I am
Yeah yeah yeah - I've got expectations
With gradification, we're gonna have a good time

So when this thing is through
If you wanna be with me
I'll be lookin for you
Feel the energy tonight
Feelin' the groove
I feel it spinnin around, yeah

Yeah yeah yeah - I'm on a mission
Yeah yeah yeah - If you're with me raise your hands
Yeah yeah yeah - Got no inhibitions
It's our decision, we're gonna have a good time
Yeah yeah yeah - Got a new religion
Yeah yeah yeah - Gotta take me as I am
Yeah yeah yeah - I've got expectations
With gradification, we're gonna have a good time

I got desire
I feel inspired
I wanna go much higher
And baby I don't wanna come down
All I want is to be excited
So come on, get united
No more need, to hide it
If you're really with me than come on and raise your hands

Yeah yeah yeah - I'm on a mission
Yeah yeah yeah - If you're with me raise your hands
Yeah yeah yeah - Got no inhibitions
It's our decision, we're gonna have a good time
Yeah yeah yeah - Got a new religion
Yeah yeah yeah - Gotta take me as I am
Yeah yeah yeah - I've got expectations
With gradification, we're gonna have a good time

Gonna have a good time
Gonna have a good time
Yeah yeah yeah


lunes 19 de octubre de 2009

Crítica de cine: "The frost (La escarcha)", de Ferran Audí



¿Cómo superar la muerte de un hijo? Si ya de por sí es duro aceptar tal hecho, ¿qué pasa si además descubres que, en realidad, nunca has querido a ese hijo? Tremenda situación.

Y esto es lo que plantea The frost (La escarcha), opera prima del cortometrajista Ferran Audí y coproducción hispano-noruega y un plantel de actores encabezado por Aitana Sánchez-Gijón. Inspirada en la obra de teatro El pequeño Eyolf de Henrik Ibsen, plantea la situación antes esbozada: la tragedia sacude al matrimonio formado por Rita (Sánchez-Gijón) y Alfred (Trond Espen Seim) cuando su hijo Eyolf, aquejado de una cojera, muere al ahogarse en el mar. ¿Cómo superar un dolor? Pero ambos padres, cada uno a su manera, sufren las consecuencias de la muerte de un hijo en realidad no querido e incluso no deseado. Junto a ello, la película plantea las relaciones de pareja de una manera muy abierta (rozando incluso lo incestuoso), llevando, en definitiva, de la muerte del hijo a la muerte del amor y del matrimonio.

Lo mejor de la película es la fotografía: un repaso visual a los fiordos noruegos, con imágenes aéreas de impactante belleza, a un juego de colores entre lo blanco (la nieve) y lo gris (la tierra, la vida, los seres humanos). Pero es quizá esta impactante fotografía lo que acaba dejando en un segundo plano una historia con demasiadas aristas (no todas ellas resueltas de la mejor manera), con un final efecticista e incluso tramposo, unas interpretaciones sólidas aunque aquejadas de una cierta tendencia a la sobreactuación y un ritmo algo errático. No acabas de comprender qué pintan algunos personajes (por ejemolo, Raúl, el hermano de Rita, interpretado por Tristán Ulloa) y te preguntas si era necesario centrar tanto la acción en la hermana de Alfred, Asta (Eva Morkeset). Por lo demás, el juego entre lo fantástico, lo onírico y lo esperpéntico (los ancianos zarrapastrosos interpretados por una recuperada Bibi Andersson y Fermí Reixach) no parece llegar a demasiadas conclusiones. El personaje desnudo de la zanja, que aparece silueteado en la carátula y sale al principio y casi al final de la película, ¿qué se supone que es?

En cierto modo, esta película recuerda a En la habitación de Todd Field y a La habitación del hijo de Nanni Moretti, por el punto de partido de sobrellevar la muerte de un hijo, y a Las manos vacías de Marc Recha en cuanto a lo surrealista. Pero la frialdad de la historia, en todas sus vertientes y equiparable a la frialdad del escenario, parece que sobrevuela esta quizá demasiado ambiciosa película.

Se deja ver con interés, aunque también con algo de desconcierto. Un desconcierto que se mantiene cuando aparecen los títulos de créditos finales.

Canciones para el nuevo día (282): "Rumore"


Raffaella Carrà - Rumore, rumore


video

Disco: Rumore (1975)


Rumore, rumore
non mi sento sicura, sicura,
sicura mai
io stasera vorrei
tornare indietro con il tempo.

e ritornare al tempo
che c’eri tu
però perciò
che non pensarci più sù
ma ritornare, ritornare perché
quando ho deciso che facevo da me.

cuore, batti il cuore
na,na,na,na……
mi è sembrato di sentire un rumore, rumore
serà la paura
io da sola non mi sento sicura, sicura
sicura mai, mai,mai, mai
e ti giuro che
stasera vorrei tornare
indietro con il tempo

e ritornare al tempo
che c’eri tu
però perciò
che non pensarci più sù
ma ritornare, ritornare perché
quando ho deciso che facevo da me.

cuore, batti il cuore
na,na,na,na……
rumore, rumore.
rumore, rumore

domingo 18 de octubre de 2009

House 6ª temporada, cap. 5: "Karma instantáneo"


Capítulos anteriores de la 6ª temporada:

La imagen que he puesto para abrir la entrada es buenísima, jajaja: clickad encima para ver los detalles.

Ya estamos con el quinto episodio; bueno, en realidad es el cuarto, pero como he venido contando el primero, capítulo doble, como dos, pues eso, pan con queso.

¿De qué va este capítulo? Si queréis conseguirlo, ya sabéis dónde. Os cuento: un millonario con hijo enfermo cree que el mundo le ha jugado una mala pasada, que todo es culpa del karma. Vamos, que está forrado de pasta, eso lo tiene cubierto, pero cree que la enfermedad de su hijo (que quince médicos no han logrado diagnosticar) es la cara B del karma, que así es de caprichoso y así lo ha decidido. Por supuesto, el equipo de House (¿o debería decir que es más bien de otro?) se niega a aceptar una interpretación tan peculiar, y harán, con la medicina en la mano, salvarle la vida al chico y convencer a su padre de que se deje de mamonadas.

http://static.blogo.it/seriestvblog/house-6x05/InstantKarma01.JPG

Por otro lado, ¿qué hay del equipo anterior de House? Ya sabéis, la del número y el enano narigón. De uno de ellos sabremos algo en este capítulo... con House metiendo baza por medio.

Y, por último, las implicaciones morales del caso del capítulo anterior (el dictador genocida africano) continúan en este episodio, aunque ahora llegan las consecuencias. Sí, hablo (o escribo) con un tono muy críptico, pero es que no quiero desvelar nada, no se que luego alguien me llame luego destripacapítulos.

http://images2.fanpop.com/images/photos/8300000/HOUSE-EP-6X05-INSTANT-KARMA-PICS-house-md-8312052-435-653.jpg

Si el anterior capítulo fue realmente bueno, con House volviendo a sus andadas en algunos aspectos, el que ahora comentamos no le va a la zaga en cuanto a guión, aunque reiremos menos. ¿Recordáis aquello de que Cameron puede dejar la serie por "razones creativas"? Tenedlo en cuenta mientras veis este episodio... cuando lo veáis.

Comentando algo más para rellenar esta entrada del blog, pues sí, que Cuatro estrenó la 6ª temporada, y con buena audiencia. Y lo hizo con la première, el doble primer (y segundo) capítulo, doblado al castellano. Pero lo que suponíamos: el resto de la temporada, para 2010, imaginamos que en enero.

Quinto (o sexto) capítulo, el lunes 19 de octubre, titulado (no lo traduzco) "Brave heart".

Reseña de "El sicario de los idus. Asesinato en Tárraco", de Cristina Teruel



Los hechos son estos: en la Colonia Iulia Vrbs Triumphalis Tarraco, Tárraco con el acento para abreviar, en el año 846 de la fundación de Roma, bajo el consulado de Domiciano César –ó 92 a.C. si lo preferís–, ha aparecido el cadáver de un joven marmolista en la Vía Augusto, justo al lado de las gradas del circo en construcción de la ciudad. El optio Cayo Pompeyo Specula, no convencido con la tesis de la muerte accidental, investiga el caso, ya archivado por el centurión de la I cohorte de ciudadanos, Aulo Lico Favor, y contando con la colaboración (y la curiosidad) del archivero de la cohorte Cayo Mario Malacitano. Pero las cosas parecen ser más complejas de lo que parecen: ambos, indagando en el caso, descubren que el joven marmolista se une a otros diez muchachos, de la misma edad, muertos en extrañas circunstancias. La novela se llama El sicario de los idus. Asesinato en Tárraco (Edhasa, 2009).

¿Ante qué estamos? ¿Ante una novela histórica? ¿Ante un thriller con un asesino en serie por medio? ¿Ante una novela policíaca? Probablemente, ante todo ello. Cristina Teruel (n. 1968), jurista de profesión (y se deduce un conocimiento exhaustivo del derecho romano) sitúa la acción de su novela en una ciudad provincial, que goza del derecho latino (y sus dirigentes de la plena ciudadanía romana), en una Hispania pacificada. La narración nos lleva por las calles de Tarraco (prefiero sin acento), una ciudad populosa, viva, capital de provincia, que ya a finales del siglo II d.C. se ha convertido en un núcleo poblacional importante en el imperio, plenamente romano y romanizado. Es fácil, por tanto, seguir el hilo de una narración que huele a romano en todos los aspectos, desde las descripciones no cansinas y excesivamente detallistas a, especialmente, unos diálogos que son frescos, que no suenan a declamación teatral, que consiguen captar los matices de palabras y giros lingüísticos. La narración nos sitúa ante una caso que, pronto lo comprobará el lector, no se reduce a lo que nos dice la, por cierto, algo tendenciosa contraportada: un caso en serie que tiene que ver con el tráfico del célebre opio tebano. No, no van por ahí los tiros.

http://library.thinkquest.org/26968/data/fotos/tarraco.jpeg

Porque sí, hay un caso, hay una serie de cadáveres y alguien que los ha matado. Pronto descubrirá el lector de quién se trata y seguirá la paralela investigación del caso por parte de Specula, Malacitano y el centurión Favor. Pero el caso se convierte en un elemento más de una novela que ofrece un magnífico retrato social de una capital provincial como Tarraco. Si ya hace no mucho comentaba una excelente novela histórica ambientada en Barcino, ahora nos encontramos con otra soberbia novela situada en Hispania. Y ambas tiene puntos en común, pues no se limitan a ser meras novelas históricas: reflejan una sociedad y un tiempo con garbo, estilo y amenidad. Pero mientras que la novela de Juan Miñana era el retrato de una «una franquicia romana de 2.000 habitantes, una ciudad falsa que no tenía razón de ser. Era como un Zara de la época de la política augusta», salpimentada con sátira y referencias muy modernas, en el texto de Cristina Teruel nos encontramos con la visión de una ciudad en la que las relaciones entre amos y esclavos no son lineales ni simples; en la que un investigador debe seguir los pasos que le marcas los superiores… o no; en la que no es necesario asistir a orgías y grandes banquetes para degustar la romanidad; y en la que la aparente simplicidad de una trama se convierte en caleidoscópico viaje a una sociedad y sus múltiples espejos.

He disfrutado en apenas 36 horas de esta novela: la empecé con ciertas expectativas, cada vez esperando menos de una novela histórica (uno se cansa de leer siempre los mismos rollos y con las mismas deficiencias). Y me he tenido que rendir a la evidencia (como lo hice con Juan Miñana), con un entusiasmado agrado, de que, afortunadamente sigue habiendo magníficas novelas históricas. Novelas que no necesitan de batallas y hazañas varias para contar una buena historia. Novelas que, como en el caso de Miñana, parten de objetivos más limitados y, cabe decirle, también más ricos; novelas que construyen mundos sobre lo que aparentemente son ciudades provinciales romanas, logrando transmitir mucho más de lo que ya cansinos textos ubicados en la Urbe pretenden pomposamente camelarnos. La novela de Cristina Teruel (como entonces la de Miñana), es humilde, es una primera novela de una escritora en ciernes muy bien hilvanada y construida. Es una novela que evoca la saga de Marco Didio Falco, aunque en un estilo muy diferente, aunque los lectores de Lindsey Davis se sentirán más que satisfechos con el libro de Teruel (yo lo estoy, y mucho). Es casi una delicatessen en un supermercado abarrotado y excesivamente comercializado.

En definitiva, si es que a estas alturas no os habéis percatado de mi entusiasmo, que recomiendo muy encarecidamente esta novela como casi perfecta muestra del género (hoy en día ya no hay nada perfecto), del mismo modo que recomendé la novela de Juan Miñana. Espero que me disculpe la autora que cite tanto la novela de Publio Fama, no pretendo quitarle el mérito que la suya se merece per se, al contrario. Ambas novelas me reconcilian con el género cuando ya empezaba a estar más que ahíto e incluso empachado. Mi enhorabuena, además, para alguien que presenta su primera novela. ¡Qué más se puede pedir!

sábado 17 de octubre de 2009

Otra visita a George Orwell (y 2)



Gregorio Morán

La Vanguardia / 17-X-2009

Hay pocos escritores que hagan eje de su proceder la certeza de que la verdad es revolucionaria en sí misma

Nuestro conocimiento de Orwell, en general, está basado en una serie de tópicos a los que el tiempo ha puesto sordina y, como muchas veces ha ocurrido en nuestra malhadada historia, se han ido conformando a partir de la ignorancia. Así, por ejemplo, es el autor de un libro legendario sobre nuestro sufriente país del que bastaría el título para darnos cuenta de cuánto nos estimaba. Homenaje a Catalunya. Publicado en 1938 tras una experiencia de casi seis meses formando una brigada del POUM, el libro, de constituir un homenaje a alguien, es a la España popular, revolucionaria, manifiestamente anarquista, a la que reprocha que no haya volado el edificio de la Sagrada Família, en su opinión uno de los más feos del mundo.

Y henos ya de lleno en las particularidades de la más que singular trayectoria de Orwell en España. Como texto, Homenaje a Catalunya es una obra trascendental para el conocimiento de la personalidad del autor, porque en ese libro están esbozos que caracterizan su pensamiento e incluso su manera de ser, pero como obra literaria me parece de menor cuantía. Su importancia como documento humano sobre la personalidad de Orwell es notable, su relevancia periodística de los hechos relatados es limitada y sufre, en el caso español -castellano y catalán- más quizá que en ninguna otra lengua, el castigo de su servidumbre instrumental. Eric Blair -auténtico nombre de George Orwell-, voluntario británico en las Brigadas Internacionales en la lucha contra el fascismo, es decir, contra Franco, se convertiría por esos milagros de la taumaturgia intelectual post mórtem en el primer denunciador de los comunistas y de cuantos lucharon en el bando republicano. ¿Verdad que nunca le explicaron que el libro que usted había leído en castellano o en catalán estaba censurado y que la única edición digna (Tusquets) apenas cuenta seis años?

Orwell murió en 1950, a los 46 años, y de él se puede decir que vivió dos vidas; la suya propia y la de sus escritos, que habrían de convertirse en arietes de la guerra fría frente al comunismo. Hora sería en España de reconstruir el personaje y quitarle las charreteras que le pusieron; todas esas boberías sobre su supuesto anarquismo conservador,para que aparezca el radical que fue, tanto en sus juicios, como en sus actitudes y sobre todo en sus escritos. Estamos ante un tipo difícil, con una acusada personalidad que rozaba lo atrabiliario, y cuya principal obsesión y ambición fue la literaria. Y a eso dedicaría su vida, interrumpida siempre por obligaciones de la decencia. Por eso a Orwell cabe considerarle el paradigma del compromiso político, en su sentido genuino de compromiso con la verdad.

¿A qué llamo obligaciones de la decencia? Pues a asuntos tan evidentes como apuntarse para defender la República española frente al fascismo que la amenazaba. ¿Qué otra cosa podía hacer un hombre decente? Que luego llegara a Barcelona y se encontrara con unos republicanos divididos y enfrentados, y que por supuesto comprobara in situ que ninguno tenía interés por la democracia, era otro asunto que no negaba la mayor: como revolucionario su obligación estaba en España y frente al franquismo. Y aquí ya entramos en el terreno propiamente orwelliano. Se había apuntado como voluntario a partir de una asociación de escritores británica y le adscribieron a un batallón del POUM. Nada más alejado de las ideas de Orwell que las posiciones del POUM durante la guerra española. Por una pereza mental muy nuestra, el POUM, o Partido Obrero de Unificación Marxista, se adscribe al trotskismo, incluso durante la Guerra Civil, afirmación que al propio Trotsky sacaba de quicio porque no paraba de denunciarlos, y que cabe interpretarlo como un éxito de la propaganda estalinista. Lo cierto es que Orwell marcha al frente con los del POUM y por más que rechace sus posiciones y esté mucho más cerca de Negrín y de los comunistas, hay algo que choca con su sentido de la decencia: que las diferencias políticas se transformen en calumnias. La acusación estaliniana según la cual los del POUM eran agentes emboscados del fascismo y debían ser exterminados, como ocurriría con Andreu Nin entre otros, será algo que marcará las coordenadas políticas de Orwell.

Hay pocos escritores que conviertan en eje de su trayectoria la convicción de que la verdad es revolucionaria en sí misma, y que la libertad para expresarla constituye la medida de una civilización. Orwell convertirá su literatura en una permanente reflexión sobre la verdad y en un brillante ejercicio paródico de la mentira en sus infinitas variantes, sociales y políticas. Si no tengo en especial estima un libro como Homenaje a Catalunya es porque aún está ahí un escritor en ciernes que no sabe muy bien qué estructura darle al libro; basta ver las diversas recomendaciones sobre futuras reediciones para entender que no estaba aún fino. Esa finura que saldrá de un tirón en un libro escrito en estado de gracia como es su Rebelión en la granja,donde hay mucha densidad reflexiva pero sobre todo mucha literatura, desde Jonathan Swift hasta sus adorados Dickens y Somerset Maugham, un autor que por eso de las modas literarias otoño-invierno ahora no se usa.

El Orwell póstumo, su instrumentalización política, limitó su alcance literario. Así, por ejemplo, junto a esos dos jalones, los más conocidos de su obra, Rebelión en la granja y 1984, está una novela preciosa, Subir a por aire,que desde pautas alejadas de la política plantea, y de una manera emocionante e incluso tierna, el monotema de la obra orwelliana, la verdad. La búsqueda de las raíces de la infancia, esa eterna fuente de la literatura que se convierte en este texto de Orwell en un recital de las sensibilidades del hombre común. Y aquí entramos ya en el George Orwell persona, un tipo raro, mucho. Con un agudo sentido de clase, de la suya y de las otras, de esas manifestaciones notorias de las clases altas que Elias Canetti consideraba la imagen de marca más notoria del mundo británico: el orgullo.

La complejidad de la personalidad de Orwell en su relación con las mujeres, o con los niños y su particular concepto de la experiencia en la pedagogía. Su denuncia de las dos actitudes más despreciables del intelectual, la impostura y la frivolidad, a las que no dudaba en poner nombres y apellidos. La inclinación hacia la vida tranquila y la ausencia de vida social, que para él representaba el sueño de instalarse en un faro, y en su defecto en el campo o en una isla; su tozuda estancia en Jura merecería más de una reflexión por lo que significó para un enfermo de tuberculosis. Su valentía, que rozaba la temeridad, en la guerra civil española y en la mundial, y lo que es aún más arriesgado, en las durísimas batallas intelectuales de los cuarenta.

Si contemplamos con una cierta distancia la vida y la obra de Orwell mientras se le van cayendo las adherencias instrumentales de la guerra fría, nos queda una evidencia. Fue fiel a la verdad incluso en la denuncia de la mayor de las convenciones sociales, la que no permite sacarles los colores a los impostores ilustres. Hace unos años causó un verdadero escándalo que se encontrara un listado de 38 personalidades a las que Orwell describía como criptocomunistas. ¡Cuánta hipocresía, y menudo ejercicio para tartufos! Lo que Orwell planteaba en esa lista respondía a la norma que había regido su vida: una verdad debe ser asumida con mayor fuerza que una mentira, yasí no es posible apoyar al estalinismo y no asumirlo, porque sería tanto como jugar con dos barajas y optar siempre a la que gana.

¿Con qué criterio se puede valorar la obra de Orwell? Él partió de su experiencia española durante la Guerra Civil y de las calumnias a los adversarios hasta convencerse de que el régimen soviético era una gran mentira. Mientras la clase obrera europea no desterrara el mito de la revolución rusa no había ninguna posibilidad de un socialismo que no fuera una siniestra dictadura. ¿Quién, con lo que sabemos hoy, puede reprochárselo?

La tragedia del bien comunal



Xavier Sala i Martín

La Vanguardia / 17-X-2009

¿Se han fijado en que cuando vamos al restaurante en grupo y dividimos la cuenta entre todos, la factura es mucho más alta que cuando cada uno paga lo suyo? Si pagamos individualmente, todos evaluamos el beneficio y el coste de pedir langosta. Si el coste es demasiado alto, nos inclinamos por el pollo, que es más barato. Por el contrario, si el coste de la langosta se divide entre quince, ya no sale tan cara, por lo que decidimos pedirla. El problema es que todos los comensales piensan lo mismo, por lo que todos acaban comprando langosta (y copas, y puros) y la factura común acaba siendo estratosférica.

Este es un problema económico que se conoce como "la tragedia del bien comunal". Los bienes comunales son aquellos que mucha gente puede utilizar a la vez: un parque, el mar, el bosque y los aparcamientos en las calles de la ciudad. Todos ellos comparten un fenómeno curioso: el beneficio es para el usuario, pero los costes se comparten entre todos.

Por ejemplo, si las tierras de pasto son comunales (como lo eran en la Europa medieval y todavía lo son en algunas zonas rurales), la hierba que come mi vaca me beneficia a mí, su propietario, porque me da mejor leche o mejores terneras. La destrucción que ocasiona mi vaca cuando come, sin embargo, es compartida por todos los demás propietarios, ya que sus vacas tienen menos pasto para comer. La tragedia de este tipo de situaciones es que, al ser los beneficios individuales y los costes compartidos, los usuarios tienden a poner demasiadas vacas y a sobreexplotar los recursos. Al final el pasto desaparece. Del mismo modo, los pescadores tienden a sobrepescar hasta que el mar se queda sin bancos de pesca, los leñadores tienden a cortar demasiados árboles hasta que nos quedamos sin bosques y cuando la factura es comunal, todos pedimos langosta, y se convierte en descomunal (y perdonen el fácil juego de palabras).

Para evitar la tragedia, se han propuesto dos tipos de soluciones. La primera es la privatización. Si la tierra de todos se divide en parcelas y nuestras vacas sólo puede pastar en nuestra granja, cada uno de nosotros se encargará de mantener un número de vacas que permita un pasto sostenible porque si este desaparece, desaparece el negocio. En el caso del restaurante, la solución es que cada uno pague lo suyo.

La privatización de los bienes comunales a veces es complicada por la naturaleza del bien en cuestión. Por ejemplo, es muy difícil dividir el mar en parcelas privadas. Para estos casos, las sociedades han encontrado otra solución: la intervención del Estado. El Estado se apropia del bien comunal (el mar), decide la cuota de pescado de cada uno y castiga con multas a los que se pasan. En el caso del restaurante, la solución consistiría en establecer una ley que prohibiera a los grupos de más de seis personas pedir langosta (una ley que seguro que le encantaría aprobar a la Generalitat actual, amante de regular y prohibir los comportamientos más recónditos del ser humano).

¿Por qué les explico todo esto? Pues porque el premio Nobel de Economía 2009 ha sido concedido a Elinor Ostrom, una politóloga que piensa en una tercera vía para evitar la tragedia del bien comunal: la cooperación. Si la gente que va a cenar en grupo lo hace repetidamente, son amigos y tienen sentido de la vergüenza, seguramente desarrollarán mecanismos para evitar que nadie se pase: el que pide langosta un día no es invitado el día siguiente, o se le recrimina en público o se habla entre todos para ponerse de acuerdo para que no pase.

Las investigaciones de Ostrom están entre la economía, la antropología y la ciencia política. Un ejemplo interesante ocurre con los pastos de los nómadas del centro de Asia. Los satélites detectaron hace años que el pasto en las zonas de Rusia y

China estaba desapareciendo mientras que los de Mongolia, no. Ostrom observó que en Rusia y China las tierras estaban colectivizadas mientras que las de Mongolia seguían siendo explotadas según las normas milenarias de las tribus de la zona (que compartían tierras y se respetaban entre ellas de tal modo que nadie se atrevía a perjudicar a las tribus vecinas). En 1980, China cambió de sistema y privatizó la explotación. Los satélites demostraron que los pastos no aumentaron. Con este ejemplo, Ostrom mostró que las soluciones encontradas por las tribus milenarias basadas en la cooperación y el respeto a veces son superiores a la privatización o a la intervención pública.

Ostrom no estaba entre los favoritos (lo escribo en masculino porque entre los favoritos no había ninguna mujer) a recibir el premio Nobel este año. Su contribución no es ni de las más citadas ni de las más conocidas del mundo. Yo, de hecho, confieso que no sabía quién era hasta el día que se le concedió el premio. Su metodología no es la más comúnmente aceptada por la profesión y sus conclusiones no parecen tan sólidas o bien probadas como las que la ortodoxia exige hoy en día. Pero, ya se sabe, a veces al Comité Nobel le gusta premiar las fronteras de la heterodoxia y eso, a la ortodoxia, no le gusta. Yo siempre he sido partidario de escuchar las ideas minoritarias, porque la ciencia no es democracia: en ciencia, que la mayoría piense una cosa no quiere decir que sea verdad. A veces, personas como Copérnico o Darwin están solos contra todos y... acaban teniendo razón. Bienvenido sea, pues, el premio Nobel a la señora Ostrom, no porque sea una mujer, sino porque nos enseña una nueva manera de enfocar la tragedia del bien comunal.

X. SALA I MARTÍN, Columbia University, UPF y Fundació Umbele

jueves 15 de octubre de 2009

Canciones para el nuevo día (281): "Psicofonía"


Gloria Trevi - Psicofonía


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Disco: Una rosa blu (2007)



miércoles 14 de octubre de 2009

Canciones para el nuevo día (280): "Treinta y tantos"


Tontxu - Treinta y tantos


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Disco:
Corazón de mudanza (1998)


Está mejor que nunca.
Se separó hace años.
La vida con el tiempo.
Le ha enseñado tanto.
Que ya no tiene miedo.
Y nunca tiene prisa.
Por preparar a nadie la comida.

Está mejor que nunca.
Conoce sus encantos.
Sí tiene depresión.
Se compra unos zapatos.
Y llama a sus amigas.
Y salen por el barrio.
Y dan que hablar.
A todo el vecindario.

Está mejor que nunca.
Y miente cuando dice.

Está mejor que nunca.
Y guarda en un armario.
Las cartas que mandamos
A los reyes magos.
Algún mechón de pelo.
Y alguna vieja foto.
Y un calendario del 74.

Está mejor que nunca.
Y tiene lo que quiere.
Ha puesto ya en su habitación.
Su propia tele.
Y tiene un medio novio.
Desde hace cuatro días.
Y tiembla sí le ve.
Como una niña.

Está mejor que nunca.
Ya nada le hace daño.
Y miente cuando dice.
Que tiene treinta y tantos.