
Un amigo de Wilson, que tuvo cáncer en el pasado, sufre una parálisis. ¿Volverá a desarrollar la leucemia en la sangre que padeció cinco años atrás? Wilson cree que no, House que sí, 100 $ de por medio en una apuesta algo macabra decidirán quién acertó. Pero la cosa se complicará cuando el paciente tenga otros síntomas, el médico actúe con un tratamiento de choque y se llegue a una situación en la que Wilson acabará por poner su vida en un cierto peligro.

Capítulo diferente, en el que un paciente de House no es el protagonista del caso médico, sino uno de Wilson, amigo suyo para más inri (aunque House considere que es un egoísta de tomo y lomo que se aprovecha del bueno de "Jim"). No sólo no tendremos a House descubriendo el diagnóstico en el tiempo de prórroga, como siempre, sino que será Wilson quién decida qué hacer, con consecuencias, desde luego.
Por lo demás, sigue House jugando al gato y al ratón con Cuddy y Lucas, aunque éste último no aparece: el tema en disputa es un loft que su jefa se quiere pillar.

Capítulo diferente, decía, y también extraño, no de los mejores de la presente temporada, pero sí interesante para ver otras facetas de House: el amigo, más que el médico. En este sentido, sí comprobamos que el personaje parece haber evolucionado, aunque a su manera, claro. Pero nos acercamos al ecuador de la temporada - y el descanso navideño - y sigo echando a faltar una línea argumental de largo alcance, como en todas las temporadas. No sé, parece como si a los guionistas se les hubieran acabado las ideas de cómo seguir con House y su troupe. Hemos dejado atrás la vicodina, las adicciones, las idas de olla de House, a Cuddy dándole coba, etc. Y fijo que quedan puntos por desarrollar (¿Foreman? ¿Trece? ¿Taub y Chase again?). Pero espero que Santa Claus traiga algo para el 2010.
Y, para cerrar, una frikada. Imaginaos... CSI: Princeton:
Próximo capítulo, "The Down Low"... a saber cuándo.





























